Ciencia con propósito y mirada de largo plazo
Con 95 años de presencia en México, Merck se consolida como un actor clave en la salud de millones de personas. Su modelo de negocio resiliente, basado en la innovación científica, el arraigo local y el compromiso con la equidad y la sostenibilidad, refleja una visión generacional que trasciende coyunturas. Cristian von Schulz-Hausmann, CEO de la compañía en México, detalla cómo esta firma de más de 355 años sigue evolucionando para enfrentar desafíos globales con impacto local.
Por: Ulises Navarro y Claudia CerezoContinua en la historia
Cristian von Schulz-Hausmann
CEO de Merck México
En el sector farmacéutico, la capacidad de innovación y la inversión constante en investigación y desarrollo son fundamentales para la competitividad y el crecimiento sostenible. Merck destaca por su robusta inversión en innovación clínica —que supera el 10% de sus utilidades a nivel global— y por un enfoque integral que combina ciencia, tecnología, responsabilidad social y un profundo compromiso humano.
Porque si algo deja claro Cristian von Schulz-Hausmann, CEO de Merck México, es que la base de todo lo que hace la compañía está en su gente. Con cerca de 1,200 colaboradores en el país, la compañía no solo apuesta por la excelencia científica y tecnológica, sino por una cultura de entrega y vocación genuina por mejorar la vida de los pacientes. Esa pasión, dice, es la fuerza que impulsa a la empresa a crear soluciones que permitan a más personas vivir más tiempo, con salud y plenitud.
Desde su planta de Naucalpan, en el Estado de México, el directivo detalla cómo esta estrategia fortalece su resiliencia corporativa y su contribución al sistema de salud nacional, al tiempo que impulsa iniciativas que promueven la equidad, la cultura y la educación científica. Para la alta dirección, esta conversación revela insights valiosos sobre cómo alinear innovación y propósito en un entorno complejo y exigente, identificando oportunidades para potenciar el impacto y la sostenibilidad del negocio.
AN • Cristian, ¿qué distingue a Merck de otras compañías farmacéuticas?
Lo primero es nuestra historia: tenemos 357 años en el mercado. Empezamos como una pequeña farmacia en Darmstadt, una ciudad alemana cercana a Frankfurt. Desde su origen, la empresa se dedicaba a preparar medicamentos magistrales, utilizados por los médicos de la época, y ha permanecido en manos de la misma familia, descendientes del fundador, a lo largo de 13 generaciones.
Merck es una empresa de propiedad familiar, pero no de gestión familiar. La familia decidió mantener la propiedad mayoritaria —más del 70% de las acciones siguen en manos del grupo familiar—, mientras que la gestión diaria está a cargo de profesionales altamente capacitados y con amplia experiencia en el negocio.
Otra diferencia radica en la diversidad de nuestras unidades de negocio. La división de medicamentos es la más conocida. La planta de Naucalpan, en el Estado de México, es una de las 18 que Merck tiene a nivel global para la fabricación de medicamentos. También contamos con una división de ciencias de la vida, que opera más en el segmento B2B, atendiendo a otras farmacéuticas e investigadores. Los científicos que inician sus investigaciones usan productos Merck, reconocidos por su calidad, para llevar adelante experimentos que pueden derivar en innovaciones médicas y biológicas.
Además, ofrecemos productos y equipos para control de calidad que sirven tanto a la industria de la salud como a la alimentaria y de investigación. Nuestra experiencia incluye biorreactores, esenciales para incorporar biotecnología en procesos productivos que terminan en innovaciones farmacéuticas. Contamos con alrededor de 300,000 productos que apoyan estos procesos y, sobre todo, con técnicos especializados que acompañan a otras empresas para escalar desde una molécula incipiente hasta la producción industrial, beneficiando así la salud pública.
Finalmente, tenemos una división de electrónica, que aunque en México es menos visible, es fundamental en regiones como Asia. Esta área fabrica conductores y semiconductores clave para la producción de pantallas LCD y LED. Además, el cristal líquido, una invención de Merck, está presente en aproximadamente el 50% de las pantallas a nivel mundial.
Esta diversidad nos permite seguir creciendo y mantener la resiliencia, pues no todos los negocios prosperan por igual, y tener distintas unidades nos brinda previsibilidad para el futuro. Además, el modelo de gestión profesional, bajo propiedad familiar, implica un compromiso de largo plazo. No pensamos en el próximo trimestre, sino en generaciones. La familia está informada y toma decisiones con una visión ambiciosa y de largo alcance.
AN • ¿Qué lugar ocupa México dentro de las operaciones globales de Merck?
México representa cerca del 13% de nuestras ventas en América Latina, una región que ha mostrado los mayores crecimientos para la compañía en los últimos años. Aquí tenemos una planta estratégica en Naucalpan, desde donde exportamos el 70% de lo que se produce a 43 países. Fabricamos, entre otros, levotiroxina —el medicamento de prescripción más vendido en el país— y el antiparasitario praziquantel, que se fabrica exclusivamente en esta planta y es parte de un programa de donación para eliminar la esquistosomiasis, en alianza con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
AN • ¿Qué significa para Merck cumplir 95 años en México?
Cumplir 95 años en México representa el compromiso sostenido de varias generaciones con la salud de los pacientes. Aunque nuestra presencia en la región comenzó desde el siglo XIX, la operación consolidada como Merck inició hace 95 años, en un entorno muy distinto del actual.
Desde entonces hemos enfocado nuestros esfuerzos en enfermedades con alta prevalencia, como el hipotiroidismo, la diabetes, la hipertensión y la obesidad, con medicamentos producidos localmente, como la metformina. También atendemos enfermedades graves, como distintos tipos de cáncer, esclerosis múltiple y déficit de hormona de crecimiento en niños, con soluciones innovadoras y dispositivos digitales que mejoran la adherencia al tratamiento.
Además, lideramos en el campo de la medicina reproductiva, permitiendo a miles de parejas cumplir su deseo de tener hijos, un aporte significativo en un contexto de baja natalidad.
Hoy, nuestro portafolio cubre tanto condiciones comunes como padecimientos urgentes, y la mayoría de nuestros medicamentos están disponibles en instituciones públicas, como el IMSS, ISSSTE y próximamente IMSS Bienestar. El gran reto es lograr que más pacientes lleguen a tiempo al diagnóstico y accedan a tratamientos adecuados.
AN • La pandemia puso bajo el reflector a la industria farmacéutica y su papel en la salud global. ¿Qué papel tuvo Merck durante el COVID?
Desempeñamos un papel clave, aunque quizá no tan visible para todos. Justo antes de la pandemia, colaborábamos con la Universidad de Oxford en una vacuna contra la rabia. Cuando irrumpió el COVID, ese proyecto se transformó para enfocarse en una vacuna contra el nuevo virus. Aunque la vacuna final fue comercializada por otro laboratorio, Merck aportó productos y asesoría técnica decisiva. De hecho, participamos en 52 proyectos de vacunas con nuestro conocimiento y tecnología.
Para entenderlo mejor, imaginen un gran biorreactor como un enorme tinaco de acero inoxidable, donde bacterias reciben instrucciones genéticas para producir la vacuna. Estas bacterias trabajan constantemente para crear el compuesto necesario, que luego se purifica hasta convertirse en el medicamento final. Todo este proceso está controlado con productos de Merck.
Un elemento clave para acelerar el desarrollo fueron unas bolsas de uso único que colocamos dentro del biorreactor. Antes, cada vez que se cambiaba la producción de un medicamento a otro, el proceso de limpieza y validación podía tomar hasta un año o más. Con estas bolsas, ese tiempo se redujo a la mitad, lo que permitió que la producción fuera mucho más rápida. Este es solo uno de los 300,000 productos que fabricamos y que contribuyen a que la innovación farmacéutica avance a pasos agigantados.
La gran lección que nos dejó COVID es cómo una industria farmacéutica sólida y tecnológicamente avanzada puede responder con rapidez ante una crisis sanitaria global.
AN • En un sector tan complejo y tecnológico, las inversiones son clave. ¿Cuánto ha invertido Merck en México en los últimos años?
Hemos realizado inversiones significativas para mantener y ampliar nuestra infraestructura. Por ejemplo, en los últimos años destinamos alrededor de 30 millones de euros para ampliar la capacidad de nuestra planta, principalmente para la fabricación de medicamentos como la levotiroxina, la hormona tiroidea que se produce aquí.
Además, hace más de cinco años inauguramos un centro logístico en Toluca, un nodo clave para distribuir nuestros más de 300,000 productos en el mercado latinoamericano. México, siendo el país más grande de la región, representa una oportunidad estratégica para Merck, no solo en infraestructura, sino también en investigación clínica.
La investigación clínica es un área de gran potencial para el país. Cuando los médicos mexicanos participan en ensayos clínicos, se fortalece la ciencia local y los pacientes pueden acceder a tratamientos innovadores antes que en otras partes del mundo. Para avanzar en esto es fundamental contar con procesos regulatorios ágiles y una buena coordinación con las autoridades, que nos permitan ser competitivos a nivel global.
Mirando hacia el futuro, creemos que la inversión en investigación clínica será un pilar esencial para consolidar a México como un polo farmacéutico de relevancia internacional.
AN • ¿Qué podemos esperar de Merck en los próximos años?
Estamos trabajando en el desarrollo de nuevas moléculas, especialmente para tratar ciertos tipos de cáncer que aún no tienen solución efectiva. Esto es fundamental porque ya contamos con medicamentos oncológicos que están cambiando vidas, ofreciendo sobrevivencias que antes parecían imposibles, y con una calidad de vida mucho mejor para los pacientes.
Hace no tanto, la quimioterapia era un tratamiento muy agresivo, que muchas veces causaba más daño que beneficio. Pero hoy, gracias a la inmunooncología, disponemos de medicamentos que utilizan nuestro propio sistema inmunológico para combatir el cáncer. En esencia, el cuerpo detecta las células cancerosas como extrañas y las ataca, algo que antes no sucedía de forma eficiente.
Este avance mejora la efectividad y reduce los efectos secundarios, haciendo que la experiencia del paciente sea mucho más llevadera. Así, nuestra apuesta es seguir ese camino, enfocándonos en enfermedades que hoy no tienen cura, incluso en casos poco comunes, para brindar soluciones reales.
AN • ¿Qué otras áreas tienen en la mira para corto plazo?
Tenemos tratamientos en desarrollo para enfermedades autoinmunes como el lupus, que puede afectar desde la piel hasta todo el cuerpo. Esperamos presentar novedades en los próximos 36 meses, con medicamentos que prometen buena tolerabilidad y resultados muy alentadores. Por supuesto, el desarrollo farmacéutico es riesgoso; no todas las moléculas que se prueban llegan a ser exitosas, pero la inversión en investigación y desarrollo es clave para avanzar.
También trabajamos en tratamientos para la miastenia gravis, otra enfermedad rara que requiere terapias específicas y potentes.
AN • Un aspecto interesante es cómo la tecnología, especialmente la inteligencia artificial (IA), está transformando la investigación farmacéutica. ¿Qué impacto tiene esto en Merck?
La inteligencia artificial está revolucionando el desarrollo de nuevos medicamentos. Merck ha adquirido varias empresas que usan estas herramientas para acelerar lo que llamamos el “discovery” o descubrimiento de fármacos. Tradicionalmente, identificar la molécula adecuada para tratar una enfermedad implicaba un proceso lento y complejo en el laboratorio, basado en ensayo y error.
Hoy, la IA puede anticipar cuáles moléculas tienen mayor probabilidad de éxito, acortando tiempos y costos. Esto está cambiando radicalmente la manera en que se desarrollan los medicamentos y Merck está a la vanguardia en esta integración tecnológica.
AN • ¿Cuánto destinan a investigación y desarrollo?
A nivel mundial, Merck destina a investigación clínica entre el 10 y 12% de sus ingresos. Es un porcentaje considerable si pensamos en la escala global y la magnitud de los recursos que esto implica. Esta constante apuesta por la innovación nos mantiene vigentes y nos da la resiliencia necesaria para enfrentar los retos propios de la industria farmacéutica.
Aunque celebramos cada avance, el camino no es sencillo ni lineal. Muchos proyectos no prosperan, y eso forma parte inherente del proceso de investigación. Hoy en día, desarrollar un nuevo medicamento puede implicar una inversión cercana a los 2,500 millones de dólares. Esa cifra incluye fracasos y aprendizajes, porque en el laboratorio muchas moléculas funcionan, pero en la vida real no todas son efectivas o seguras para los pacientes.
Además, la investigación clínica debe cumplir con estrictas regulaciones y estándares de calidad en cada país, lo que añade complejidad y rigor al proceso. Por eso, estas inversiones reflejan innovación y un compromiso serio para garantizar que cada medicamento que llegue al mercado sea confiable y eficaz.
AN • México es clave para Merck, no solo por su mercado, sino por las acciones sociales que impulsan desde aquí. ¿Cuáles consideran más significativas?
Una prioridad que forma parte de nuestro ADN es colaborar estrechamente con las autoridades para ayudar a diagnosticar y tratar enfermedades prevalentes, que hoy en día son epidemias silenciosas, como la diabetes, la hipertensión y el hipotiroidismo.
Facilitar el diagnóstico temprano es clave, porque estas enfermedades muchas veces no se detectan a tiempo y eso genera complicaciones graves para las personas, además de una carga enorme para el sistema de salud. Trabajamos con las instituciones de salud pública y asociaciones de pacientes, ONG y otros actores para impulsar campañas de detección y concientización.
Sabemos que la prevención es más efectiva y económica que tratar complicaciones tardías —infartos, accidentes cerebrovasculares o diálisis— que resultan del mal control de estas enfermedades crónicas. Por eso, estamos muy involucrados en crear conciencia y facilitar el acceso a diagnóstico y tratamiento oportuno.
Pero, además, apostamos por fomentar el interés en la ciencia, especialmente entre jóvenes. Por ejemplo, desarrollamos el podcast Natural Born Curious, que acerca avances científicos a un público amplio, explicando con lenguaje claro temas complejos para despertar curiosidad y motivar a nuevas generaciones a estudiar carreras STEM. Sabemos que las vocaciones científicas están perdiendo terreno frente a otras tendencias, pero el futuro de la innovación depende de seguir formando científicos, biólogos, matemáticos e ingenieros.
AN • ¿Alguna iniciativa especial para comunidades marginadas o grupos específicos?
Sí, impulsamos Mexicanas con Ciencia, un programa dirigido a mujeres indígenas, un grupo históricamente excluido del acceso a la educación y a carreras científicas. Trabajamos con comunidades otomíes en Hidalgo, apoyando a jóvenes que han superado grandes obstáculos para estudiar licenciaturas y maestrías. Algunas incluso han tenido la oportunidad de pasar temporadas en laboratorios de alta tecnología en Alemania, lo que genera una fertilización cruzada entre saberes tradicionales y ciencia moderna, algo que nos llena de orgullo.
AN • Por último, ¿cuál es tu perspectiva del sistema de salud en México?
Atender a más de 130 millones de personas es un enorme desafío, no solo para México sino para muchos países en el mundo. México está en un proceso de transformación importante en el sector salud. He conocido diversos sistemas en Latinoamérica, Estados Unidos, Canadá y Europa, y cada uno tiene sus particularidades.
Aquí, uno de los mayores retos es integrar los sistemas públicos para generar un impacto real, con un enfoque claro en la prevención. El doctor David Kershenobich, actual Secretario de Salud, tiene una estrategia valiosa orientada a atacar las enfermedades prevalentes desde su raíz, con la intención de cambiar el curso de epidemias como la diabetes, la obesidad o la hipertensión, que afectan a tantos mexicanos.
Sin embargo, aún estamos lejos de lograr los objetivos deseados. El sistema requiere recursos, voluntad política, estabilidad en las políticas públicas y colaboración de todos los actores. Si no cambiamos de dirección, seguiremos enfrentando consecuencias costosas y dolorosas de enfermedades que podrían haberse prevenido.
Este es un llamado para toda la comunidad: unir esfuerzos para que el sistema sea efectivo en prevención y tratamiento oportuno, en beneficio de toda la población. AN