De la inquietud a liderar el tesoro de Actinver
Desde sus primeros pasos profesionales hasta dirigir la tesorería de uno de los grupos financieros más importantes de México, Claudia Cordero ha construido su carrera con ética, preparación y cercanía, demostrando que la pasión y la perseverancia no tienen género.
Por: Ulises Navarro y Claudia CerezoContinua en la historia
Claudia Cordero
Head de Tesorería en Grupo Financiero Actinver
| El valor de ser fiel a una misma
Hay trayectorias que no se explican desde un cargo, sino desde una forma de estar en el mundo. Es el caso de Claudia Cordero, head de Tesorería en Grupo Financiero Actinver. Su relación con las finanzas no nació de una vocación temprana por los números. Durante muchos años se imaginó en otro lugar: quería ser abogada penalista. Sin embargo, en ese momento le hicieron ver que en México era un camino especialmente complejo y con pocas oportunidades para una mujer, una realidad que terminó por alejarla de esa posibilidad.
“Siempre fui muy inquieta”, recuerda. Desde joven le atraía un entorno profesional exigente, donde la ética y la fortaleza personal fueran indispensables. Esa inquietud no desapareció; con el tiempo, simplemente encontró un cauce distinto al que había imaginado.
La vida la llevó hacia la administración y las finanzas, como una alternativa para canalizar esa forma de pensar y de asumir responsabilidades. Ahí descubrió que el mercado financiero también exige carácter, principios y una ética innegociable. “Es un mundo en el que te tienes que conducir con mucha transparencia y fortaleza”, dice. Para Claudia, la congruencia no es un valor abstracto, sino una práctica diaria en la que las decisiones tienen un impacto real.
Su entrada al sector fue casi circunstancial: un grupo financiero europeo la contrató inicialmente por hablar francés. Sin embargo, muy pronto su perfil llamó la atención. A los pocos meses, el tesorero del grupo la invitó a integrarse a su equipo. Ese movimiento marcaría el inicio de una carrera sólida, profunda y constante.
| El oficio de decidir
La mayor parte de la carrera de Claudia se desarrolló en la banca internacional, en instituciones donde la exigencia técnica es alta y la presión constante. Pasó por JPMorgan Chase, Bank of America y RBC Capital Markets —este último parte de Royal Bank of Canada, uno de los bancos más grandes del mundo en términos de capitalización—. Ahí, instalada en Toronto, llegó a dirigir la relación del banco con instituciones financieras de Latinoamérica.
Fueron años de aprendizaje acelerado, de viajes, de exposición a distintos mercados y de entender cómo se toman decisiones cuando el margen de error es mínimo. También fueron años de trabajar en entornos dominados por hombres. “Era la única mujer”, recuerda de uno de sus primeros equipos. Pero Claudia nunca lo vivió como un obstáculo, sino como un terreno que requería claridad desde el inicio. “Yo no iba a cambiar la manera en la que hablaban ni cómo trabajaban mis compañeros, pero sí dejé claro cómo quería que se dirigieran a mí”. Ese límite, marcado con naturalidad pero con firmeza, se convirtió en una constante a lo largo de su trayectoria.
Para Claudia, el respeto no se construye desde la confrontación ni desde el género, sino desde el conocimiento. “Con decisiones bien fundamentadas y una ética muy sólida. Eso es lo que te sostiene en estas posiciones”, resume.
Esa forma de pararse en la mesa le permitió generar alianzas, construir equipos sólidos y desarrollar una carrera consistente en uno de los sectores más exigentes del mundo corporativo.
Su etapa en Canadá marcó un cambio importante en su camino. Con el nacimiento de su primera hija, tomó una decisión de la que poco se habla en el mundo de los negocios: hacer una pausa. Vivir en el extranjero, viajar constantemente y estar lejos de una red familiar cercana la llevaron a elegir el tiempo con sus hijos. Más tarde, instalada en Nueva York por el trabajo de su esposo y alejada del mercado financiero formal, Claudia siguió activa, pero desde otros frentes: se convirtió en tesorera de escuelas y organizaciones sociales como la YMCA, y participó en distintas iniciativas comunitarias.
Fueron años distintos, pero no improductivos. Ahí aplicó su experiencia financiera a causas sociales, aprendió otras formas de liderazgo y desarrolló una mirada más amplia sobre el impacto de las decisiones, incluso fuera del ambiente corporativo.
De regreso a México, un proyecto de transición bancaria la llevó de vuelta al sector y, casi de inmediato, a ocupar la dirección financiera. “Fue un regreso turbo, extremadamente rápido —admite—. Lo que bien se aprende no se olvida, como andar en bicicleta”. Más que un retorno al mundo laboral, fue una confirmación: la experiencia no desaparece con las pausas; se reactiva cuando encuentra el espacio adecuado.
| Cuidar el tesoro
En mayo de 2020, Claudia se integró a Grupo Financiero Actinver como responsable de tesorería. Llegó en plena pandemia, sin conocer físicamente a su equipo, recogiendo su computadora en el lobby y empezando a liderar a distancia. “Literal, llegué con cubrebocas, sin conocer a nadie más que a mi jefe. Todo fue por Zoom”. Su reto era operativo y humano: construir confianza, coordinar decisiones críticas y mantener la solidez financiera en uno de los momentos más inciertos de los últimos años.
Para Claudia, la tesorería es mucho más que una función técnica. “Es un área que interactúa con todas las áreas del grupo. Ahí está el tesoro, como su nombre lo dice”. Desde su posición, cuida la liquidez, el cumplimiento regulatorio y la gestión de riesgos, siempre en coordinación con áreas financieras, legales y estratégicas. Es un papel que exige concentración, tolerancia al estrés y una preparación constante.
“La tesorería demanda tiempo y mucha atención, pero eso es justo lo que la hace fascinante”, explica. Cada decisión tiene impacto, cada movimiento requiere análisis y cada error puede escalar. Para ella, esa responsabilidad es también una fuente de satisfacción profesional.
Claudia prefiere no hablar de liderazgo femenino como concepto. Para ella, lo importante es la preparación, la resiliencia y el profesionalismo, porque la perseverancia y la pasión no tienen género. “Todavía predominan los hombres, pero hoy vemos más mujeres en las mesas de decisión. El cambio llega poco a poco y se construye con el ejemplo”.
Cuando le preguntamos por los sacrificios, no hace distinciones entre hombres y mujeres. “Este trabajo requiere tiempo. Todos sacrificamos tiempo. Todo lo que vale la pena exige esfuerzo”.
De cara al futuro, Claudia se ve creciendo junto con el grupo que hoy lidera en tesorería, y participando en consejos y comités externos. No lo ve como un cierre, sino como la continuación natural de una carrera que se ha construido con paciencia, coherencia y compromiso. AN