Del bip al dato
A 40 años del nacimiento de GS1, organización que introdujo el código de barras en México, hoy comienza una nueva evolución en el comercio. El código 2D dirá mucho más sobre cada producto: de dónde viene, cuándo caduca, por dónde ha pasado o qué contiene. Esa información acompañará al artículo a lo largo de todo su recorrido y llegará al consumidor.
Por: Ulises Navarro y Claudia CerezoContinua en la historia
Juan Carlos Molina
Director general de GS1 México
| El código que cambió el comercio
Está en el frasco de café, en la botella de champú, en un medicamento y hasta en la bolsa de papas que compramos para el antojo. Lo vemos todos los días, aunque hace mucho dejamos de prestarle atención. Llegamos al área de cajas, el producto pasa por un lector, escuchamos un bip y pagamos.
Ese pequeño código transformó la forma de vender, comprar y mover mercancías. Hace 40 años llegó a México y, con él, nació la organización que hoy conocemos como GS1 México. Ahora, el código de barras se prepara para uno de sus mayores cambios. Las líneas negras y blancas de distinto grosor que conocemos darán paso, de manera gradual, a los códigos 2D, mejor conocidos como QR bajo el estándar GS1. La nueva tecnología podrá incluir información sobre el lote, la fecha de caducidad, el origen o los ingredientes de un producto. Datos útiles para fabricantes, comercios y consumidores.
“El nuevo código de barras está a la vuelta de la esquina —dice en entrevista Juan Carlos Molina, director general de GS1 México, organismo que facilita la innovación y colaboración empresarial a través de estándares globales para la identificación de productos y la gestión de la cadena de suministro—. El consumidor va a estar mejor informado, y la logística podrá llevarse de una manera más sencilla, pues tendrá lineamientos de trazabilidad e información muy específica para el retail y el fabricante”.
Molina conoce bien los retos que este cambio representa para las empresas. Antes de asumir la dirección general de GS1 México, en 2020, trabajó 27 años en Grupo Jumex como director de Tecnologías de Información. Ahí vivió de primera mano lo que significa llevar una nueva tecnología a la operación de un negocio.
| El primer bip
GS1 México celebra cuatro décadas impulsando la evolución del comercio en territorio nacional, una historia que comenzó el 21 de agosto de 1986 con la llegada del código de barras a México y que desde entonces ha acompañado la transformación de la industria, el retail y el consumo. Un grupo de grandes fabricantes y cadenas comerciales decidió trabajar en conjunto para traer al país una tecnología que Henry Davis, entonces director general de Grupo Aurrerá, había conocido en Estados Unidos. Así nació la Asociación Mexicana del Código de Producto (AMECOP), antecedente de lo que ahora conocemos como GS1 México. Los fabricantes tenían que incorporar el código en sus empaques y los comercios invertir en lectores capaces de reconocerlo en los puntos de venta.
“Yo quiero pensar que en esas reuniones había un estira y afloje de miedo”, recuerda el directivo. “Veo al retail diciendo: ‘¿Quieres que yo invierta en esta tecnología cuando nadie la ha implementado todavía?’”.
Posteriormente, apareció el primer producto mexicano identificado con un código de barras: el jabón para ropa Don Máximo. A partir de entonces, la adopción comenzó a acelerarse y aquel icónico símbolo terminó convirtiéndose en una presencia tan común que hoy cuesta imaginar un súper sin él.
Cuatro décadas después, 34,457 empresas están asociadas a GS1 México. De acuerdo con Molina, el 96% son pequeñas y medianas empresas (pymes), y solo el año pasado se asignaron 2.8 millones de códigos de barras.
Para Molina, llegar a este aniversario es resultado del trabajo de quienes han formado parte de la organización. Destaca, en particular, la labor del equipo directivo, que junto con los colaboradores ha dado continuidad a los proyectos, impulsado nuevas iniciativas y acompañado la evolución de GS1 frente a los cambios del comercio y la tecnología. El Consejo, por su parte, ha respaldado las decisiones que le han permitido a la organización avanzar y adaptarse. “Festejamos 40 años de existencia. Sin el apoyo de nuestros colaboradores y la confianza del Consejo no hubiera sido posible llegar hasta aquí”, afirma.
| Mucho más que un QR
Todos conocemos los códigos QR. Durante la pandemia los utilizamos para ver el menú de un restaurante y también los encontramos en anuncios, empaques, boletos y promociones. Apuntamos con la cámara del teléfono, tocamos el enlace y llegamos a algún sitio. Molina lo explica con una frase que escuchó de un colega argentino: “El QR fue secuestrado por la mercadotecnia”. Y enseguida marca la diferencia: “Pero el código 2D bajo estándares GS1 puede hacer mucho más que llevar al consumidor a una página de internet”.
Pensemos en un yogur. El código actual permite identificar qué producto es. Con un código 2D pueden incorporarse datos como el lote y la fecha de caducidad. Eso abre otras posibilidades. Si el sistema detecta que ese yogur está a punto de vencer, por ejemplo, el comercio podría ofrecer un descuento al cliente que planea consumirlo ese mismo día. El comprador pagaría menos y la tienda evitaría que un producto todavía apto para consumo termine como merma.
Además, esa información tiene otros usos para las empresas. Un fabricante puede identificar un lote; un almacén, saber qué mercancía debe salir primero; un retailer, administrar mejor sus inventarios. Y si hay que retirar un producto, la trazabilidad ayuda a ubicarlo con mayor precisión.
“Vas a tener información para los diferentes actores: el fabricante, el retail, el consumidor. El gobierno también va a tener información —explica el directivo—. La trazabilidad es una parte importantísima de la cadena de suministro”.
En la industria de la salud, esto puede ser todavía más importante. Molina recuerda un caso ocurrido hace algunos años, cuando un fabricante detectó un lote de medicamentos que no reconocía como propio. Con un código 2D, explica, podría haberlo reportado en su sistema y, al escanear cualquiera de esos productos, habría aparecido una alerta de que el lote no existía en sus registros. Así, un medicamento de origen dudoso podría detectarse más rápido y retirarse de circulación.
Parte de esa información llegará directamente al consumidor, que podrá conocer más sobre lo que está comprando: desde los ingredientes y alérgenos hasta la fecha de caducidad, instrucciones de uso o certificaciones. Información que muchas veces aparece en letras tan pequeñas que cuesta trabajo leerlas o que, con el tiempo, puede borrarse del empaque.
Todo esto ya es posible. El reto es que fabricantes y comercios estén preparados.
| Volver a ponerse de acuerdo
Hace 40 años, fabricantes y retailers tuvieron que ponerse de acuerdo para adoptar el código de barras. Para Molina, la historia se repite. “Yo creo que la problemática es exactamente la misma. Es un tema de colaboración”.
Algunas empresas ya comenzaron a incorporar códigos 2D en sus productos en México, pero todavía falta que los comercios estén preparados para leerlos. “Estamos en ese proceso”, reconoce.
Pero incorporar el nuevo código no será tan sencillo para todas las empresas. Molina pone como ejemplo una lata que gira mientras avanza a gran velocidad por una línea de producción. Imprimir ahí un código con información que puede cambiar requiere ajustes en los procesos y en la tecnología.
La iniciativa global de GS1 Sunrise 2027 —Amanecer 2027 en nuestro país— busca que proveedores, puntos de venta y cadenas de suministro se preparen para trabajar con los códigos 2D. Esto no quiere decir que el código de barras que conocemos vaya a desaparecer el próximo año. Durante un tiempo, ambos podrán convivir en los empaques, mientras las empresas adaptan sus sistemas, lectores y procesos.
El directivo de GS1 México cree que habrá que esperar un poco más para ver los nuevos códigos de manera masiva. “Yo sinceramente le apuesto hacia el 2029 o 2030”, dice.
| Una mirada a China
La adopción de códigos 2D está mucho más avanzada en China. Molina lo considera el mercado que lleva la delantera y la provincia de Zhejiang permite darse una idea de lo que podría suceder en México en los próximos años.
En mayo de 2022, Zhejiang firmó un acuerdo con GS1 Global y GS1 China para convertirse en la primera zona de demostración del programa mundial de migración hacia códigos 2D. El proyecto comenzó en la industria de alimentos y se fijó una meta de 7,000 empresas y 200 tiendas. Pero las cifras superaron ampliamente ese objetivo. Datos de la autoridad reguladora de Zhejiang, citados por China Daily, señalan que para febrero de 2023 más de 67,000 empresas y 5,226 tiendas ya habían adoptado los códigos 2D. Para entonces se habían emitido 140 millones de códigos para 189,000 productos.
Con la adopción llegaron nuevos usos. Los códigos incorporan información que normalmente encontramos en los empaques, pero también pueden incluir servicio al cliente, reportes de pruebas y elementos para comprobar la autenticidad de un producto. Después de comenzar con alimentos, su uso se extendió a electrodomésticos, maletas y artículos para actividades al aire libre.
En los supermercados, la tecnología ya tiene aplicaciones muy concretas. Un directivo de una importante cadena de supermercados de Zhejiang explicó a China Daily que les permite llevar un mejor control de los inventarios y detectar a tiempo productos caducados. Es una aplicación parecida a la del yogur próximo a vencer: contar con la información a tiempo ayuda a decidir qué hacer con ese producto antes de que termine en el contenedor de basura.
| Oportunidad para las pymes
Uno podría pensar que una transformación tecnológica de este tamaño dará ventaja a las compañías con más recursos. En algunos casos, podría ocurrir lo contrario. Las grandes organizaciones tienen líneas de producción complejas, millones de empaques y procesos que no pueden modificarse de un día para otro. Una empresa pequeña puede tener mayor flexibilidad para incorporar el nuevo código.
“Este es el momento que ustedes estaban buscando para competir con los grandes”, suele decirles Molina a las pymes. “Aprovechen el momento que es ahora para empezar a informar al consumidor acerca de las ventajas de su producto”.
Muchas de estas empresas quieren llegar a nuevos clientes, entrar a las grandes cadenas y vender por canales digitales. GS1 México las capacita y las acerca a compradores a través de iniciativas como Fábrica de Negocio. En la edición nacional más reciente de esta plataforma participaron cerca de 4,000 pymes y 42 cadenas comerciales y marketplaces.
Para una pyme, el código 2D puede ser una forma de contar mejor qué vende y qué la hace diferente. A través de él podría darle al consumidor acceso a información sobre el origen de sus ingredientes, las características de su producto o aquello que la distingue de sus competidores.
| Los próximos 40 años
Cuando el código de barras llegó a México, fabricantes y retailers tuvieron que apostar por una tecnología cuyos beneficios todavía no podían ver por completo. Hoy nadie cuestiona ese pequeño conjunto de líneas negras y blancas con números que aparece prácticamente en todos los productos que compramos.
Con los códigos 2D comienza un proceso parecido. La tecnología ya existe, pero todavía falta infraestructura, inversión, ajustes en las líneas de producción y, especialmente, coordinación entre quienes fabrican, transportan, venden y regulan los productos.
Para Molina, empezar antes puede representar una ventaja. “El código 2D con estándar GS1 va a ser una realidad. En unos cuantos años seguramente estará ampliamente adoptado, pero hoy existe la gran oportunidad de ser pioneros en esta tecnología”.
Hace 40 años, un bip comenzó a cambiar la manera de hacer negocios en México. El código que durante décadas sirvió para identificar un producto ahora podrá contar mucho más sobre él. El siguiente cambio cabe en un pequeño cuadro y ya empezó. AN
Cinco meses para llegar al anaquel
En la región de la Cuenca del Papaloapan, en Oaxaca, Fátima Hernández Carrillo produce mole artesanal que representa los sabores tradicionales de la zona chinanteca oaxaqueña. Su empresa, La Chinantla, logró colocar su mole en una gran cadena comercial apenas cinco meses después de participar en Fábrica de Negocio. Es una de las historias que Juan Carlos Molina cuenta con mayor orgullo cuando habla del trabajo de GS1 México con las pequeñas empresas.
La Chinantla estuvo en la edición realizada en Oaxaca en octubre de 2024. Para marzo del año siguiente, su mole ya estaba en el piso de venta. Molina asegura que, incluso en el mejor de los casos, colocar un producto en el anaquel suele tomar entre ocho y nueve meses.
Pero Molina recuerda especialmente lo que descubrió al conocer de cerca La Chinantla. El equipo de GS1 México viajó a Tuxtepec, Oaxaca, para conocer el lugar en el que se elabora el producto y documentar el caso. “Ver cómo un producto puede cambiar la vida de una familia, de una comunidad, de un pueblo es increíble”, cuenta.
Esta imagen resume bien la historia: un anaquel de Chedraui en el que La Chinantla aparece junto a La Costeña y Herdez, con el mismo espacio en el anaquel. Para una pequeña empresa oaxaqueña, estar ahí significa competir, literalmente, hombro con hombro con dos de las marcas más conocidas del país.
La Chinantla es uno de los casos que han surgido de Fábrica de Negocio. En su edición nacional más reciente, el programa reunió a 42 cadenas comerciales y generó más de 4,500 citas de negocio entre emprendedores, pymes y compradores.
La historia de Fátima muestra lo que puede haber detrás de una de esas oportunidades: una pequeña empresa familiar que logra crecer y llevar mucho más lejos un producto nacido en su comunidad. AN