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La brain economy y el nuevo valor de marca

Por mucho tiempo, las marcas han competido por ser vistas y recordadas. Hoy, frente al desgaste cognitivo y emocional de las personas, emerge una pregunta distinta: ¿qué marcas saben cuidar el cerebro del consumidor? La brain economy redefine el valor de marca a partir de esa respuesta.

Por: Sylvia Hernández Swipe

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| ¿Qué es la brain economy?

Durante años, el valor de marca se construyó a partir de visibilidad, diferenciación y recordación. Luego llegó la economía de la atención y el foco pasó a ser cuánto tiempo, clics o impactos podía capturar una marca. Hoy, ese modelo empieza a mostrar signos claros de agotamiento. En un contexto de saturación, ansiedad y fatiga mental, está emergiendo una nueva lógica: la brain economy, un paradigma en el que el verdadero valor de marca ya no se mide solo por cuánto se ve, sino por cuánto cuida el cerebro del consumidor.

El término brain economy ha sido impulsado en los últimos años desde la neurociencia y la economía, especialmente a partir del trabajo de Harris Eyre y de iniciativas globales centradas en el brain capital, las cuales plantean que la salud y las capacidades del cerebro humano se han convertido en un activo económico estratégico.

La brain economy describe un modelo económico emergente en el que el principal activo productivo ya no es la información ni la tecnología, sino el capital cognitivo humano: la capacidad de atención, el aprendizaje, la toma de decisiones, la regulación emocional y la creatividad.

En este paradigma, el cerebro deja de ser tratado como un recurso infinito. Se reconoce, por fin, como lo que realmente es: poderoso, pero limitado.


| Un concepto temprano, pero inevitable

Hoy, la brain economy está donde estuvo la sostenibilidad hace 15 o 20 años; donde estuvo la experiencia de usuario hace una década; o donde estuvo la salud mental en el trabajo hace apenas cinco o siete años. Al inicio, todos estos temas fueron considerados soft, luego nice to have y, con el tiempo, se convirtieron en condiciones reales de competitividad.

La diferencia es que la brain economy no es un tema adicional que se suma a la lista de prioridades. Es una capa transversal que redefine cómo se hace el marketing, cómo se diseñan las experiencias y cómo se construye el valor de marca a largo plazo.


| La IA como acelerador del cambio

La inteligencia artificial (IA) no reemplaza la brain economy; la vuelve inevitable. A medida que la AI asume tareas repetitivas, analíticas y operativas, el valor humano se desplaza hacia capacidades profundamente cerebrales: pensar de forma crítica, crear, empatizar, ejercer juicio y tomar decisiones complejas. Esto genera una paradoja tan poderosa como incómoda: cuanto más avanzada es la tecnología, más dependemos de cerebros humanos sanos, enfocados y emocionalmente regulados.


| Brain health: de asunto personal a infraestructura económica

En la brain economy, la salud cerebral deja de ser un tema individual o exclusivamente médico y se convierte en un factor estructural del crecimiento económico y del bienestar social.

Hablamos de salud mental y emocional, capacidad de concentración, manejo del estrés, calidad del descanso, aprendizaje continuo y sentido de propósito. Cuando estos elementos fallan, aparecen fenómenos como el burnout, la ansiedad crónica o la fatiga decisional. Ya no pueden leerse solo como problemas personales: son síntomas de sistemas diseñados sin considerar los límites cognitivos humanos.

Un sistema que exige atención constante, velocidad permanente y decisiones ininterrumpidas termina erosionando el mismo recurso del que depende.


| El nuevo consumidor y el nuevo papel estratégico de las marcas

El consumidor actual vive inmerso en un entorno de hiperestimulación, sobrecarga informativa, exceso de opciones y presión constante. El resultado es un consumidor con menos atención disponible, menor tolerancia a la fricción y un rechazo cada vez más claro a las marcas invasivas.

Bajo este enfoque, el verdadero lujo no es el tiempo, sino la claridad mental. Por eso, el consumidor de la brain economy empieza a detonar marcas que simplifican, que ordenan, que reducen ruido y que no exigen esfuerzo cognitivo innecesario para ser entendidas o elegidas.

Aquí aparece una decisión clave: seguir compitiendo por captar atención o empezar a protegerla. Las marcas que entienden la brain economy dejan de maximizar estímulos y comienzan a diseñar experiencias más claras, más humanas y emocionalmente más seguras. Simplifican decisiones, comunican con transparencia, generan confianza y utilizan la tecnología para aliviar la carga mental, no para intensificarla.

En este contexto, el valor de marca se redefine. Ya no importa cuánto se recuerda una marca, sino cuánto esfuerzo mental ahorra y cómo hace sentir de forma consistente.


| Dove y la reducción de presión mental

Dove es un ejemplo claro de cómo una marca de consumo masivo puede operar bajo la lógica de la brain economy. Desde hace más de dos décadas, la marca ha construido su posicionamiento a partir de la campaña Real Beauty, con la que decidió romper con los estándares aspiracionales tradicionales de la industria del cuidado personal.

En lugar de promover ideales inalcanzables de belleza, Dove construyó una narrativa más realista y empática, ofreciendo alivio emocional en una categoría históricamente exigente. Mostró a personas reales, de distintas edades, cuerpos y tonos de piel, para comunicar mensajes centrados en la aceptación y el cuidado personal. El resultado es lealtad sostenida y una prueba clara de que cuidar el cerebro del consumidor también es una estrategia de negocio.

En un mundo impulsado por la IA, el recurso más escaso, más valioso y más vulnerable sigue siendo el mismo: el cerebro humano. Las marcas que empiecen hoy a diseñar estrategias considerando su impacto cognitivo y emocional no solo construirán mejores experiencias; construirán el nuevo valor de marca.

¿Qué pasará con el valor de marca de aquellas empresas que sigan creciendo a costa del agotamiento mental de las personas? Alcanzamos el futuro o el futuro nos alcanza. AN

 



La Maestra Sylvia Hernández Benítez es Business Strategy Advisor (Business Transformation, Corporate Strategy, Strategic Innovation, Marketing & Communications).

LinkedIn: Sylvia Hernández

Twitter: @SylviaHB02
IG: @shb_strategicthinking
www.shb-strategicthinking.com

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