La era de las realidades híbridas
El metaverso no fracasó; se disolvió en las tecnologías que lo hicieron posible. Entre el desencanto pospandemia y el auge de la inteligencia artificial generativa, lo que antes se vendía como un mundo virtual paralelo se convirtió en algo más ambicioso: la fusión silenciosa de lo físico y lo digital en cada punto de contacto con las marcas.
Por: Sylvia Hernández BenítezContinua en la historia
| Del entusiasmo al desencanto
Hace apenas unos años, el metaverso ocupaba titulares, portadas de revistas especializadas y las agendas estratégicas de los consejos de administración. Empresas de todos los sectores anunciaban inversiones multimillonarias para desarrollar mundos virtuales, adquirir terrenos digitales o construir experiencias inmersivas para sus clientes. Parecía el siguiente gran capítulo de internet.
En ese momento escribí dos artículos sobre este fenómeno porque, independientemente del entusiasmo que despertaba, era evidente que estábamos frente a una transformación que merecía atención. Sin embargo, el tiempo pasó, la conversación perdió intensidad y muchos concluyeron que el metaverso había sido simplemente una moda pasajera. Cuando Facebook cambió su nombre a Meta en 2021, el mensaje fue contundente: el futuro sería inmersivo.
Grandes marcas, como Nike, Gucci, Adidas, Coca-Cola, Hyundai, HSBC o JP Morgan, comenzaron a experimentar con tiendas virtuales, experiencias digitales, productos para avatares y nuevos modelos de interacción con los consumidores. Las consultoras proyectaban un mercado valuado en billones de dólares durante la siguiente década y parecía inevitable que todas las empresas necesitarían una estrategia para el metaverso.
Sin embargo, esa promesa no se materializó con la velocidad esperada. Los dispositivos seguían siendo costosos y poco accesibles para el consumidor promedio; las experiencias resultaban limitadas; la infraestructura tecnológica aún era insuficiente y, sobre todo, no existía un caso de uso cotidiano que justificara cambiar radicalmente nuestros hábitos.
A ello se sumó un acontecimiento que transformó por completo la agenda tecnológica mundial: la irrupción de la inteligencia artificial generativa (IAGen).
Mientras el metaverso requería grandes inversiones para construir experiencias complejas, la inteligencia artificial (IA) comenzó a generar valor inmediato, democratizando la creación de contenido, automatizando procesos y acelerando la productividad de personas y organizaciones.
| Lo que realmente sobrevivió
El metaverso no desapareció. Evolucionó. Las prioridades cambiaron, pero eso no significa que el metaverso haya fracasado; significa que llegó antes de que el ecosistema estuviera preparado. Y quizá el mayor aprendizaje fue descubrir que nunca se trató de una plataforma, sino de una convergencia tecnológica que continúa redefiniendo la manera en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos con las marcas.
Uno de los mayores errores fue reducir el concepto del metaverso a un mundo virtual donde las personas convivirían mediante avatares. En realidad, el metaverso representaba la convergencia de múltiples tecnologías que hoy continúan evolucionando de forma independiente: inteligencia artificial, realidad aumentada, realidad virtual, computación espacial, gemelos digitales, blockchain, internet tridimensional, economías digitales. Muchas de ellas ya forman parte de nuestra vida, aunque pocas veces las asociemos con el concepto original.
En la industria manufacturera, los gemelos digitales permiten simular plantas completas antes de construirlas, reduciendo costos y optimizando procesos. En el sector salud, la realidad virtual se utiliza para entrenar cirujanos, rehabilitar pacientes y tratar fobias o trastornos psicológicos. En educación, las experiencias inmersivas facilitan el aprendizaje mediante laboratorios virtuales y simulaciones que hace apenas unos años parecían ciencia ficción. En el turismo y el sector inmobiliario, las visitas virtuales permiten conocer destinos, hoteles o propiedades antes de viajar. Y en el entretenimiento, millones de personas interactúan diariamente en plataformas como Fortnite o Roblox, donde el componente social y económico ya forma parte de la experiencia.
En otras palabras: el metaverso dejó de ser un lugar para convertirse en una capacidad tecnológica.
| La IA cambió las reglas del juego
Paradójicamente, la tecnología que parecía desplazar al metaverso terminó impulsándolo. Uno de los mayores obstáculos para construir mundos virtuales era el enorme costo de desarrollar escenarios, objetos, personajes y experiencias personalizadas. Hoy, gracias a la inteligencia artificial, gran parte de ese proceso puede automatizarse.
La IA es capaz de generar entornos completos, crear asistentes virtuales con conversaciones naturales, producir objetos tridimensionales, traducir idiomas en tiempo real y personalizar experiencias para cada usuario. Lo que antes requería meses de desarrollo y equipos especializados ahora puede construirse en una fracción del tiempo. La combinación entre IA y computación espacial probablemente marcará la siguiente etapa de esta evolución.
Existe otro cambio importante que vale la pena observar. Mientras Meta popularizó el concepto de “metaverso”, Apple decidió evitar esa palabra y presentar una visión distinta bajo el término computación espacial. La diferencia no es menor.
La propuesta ya no es abandonar el mundo físico para ingresar a uno completamente virtual. La apuesta consiste en integrar ambos mundos de manera natural. Pantallas que aparecen sobre cualquier superficie, reuniones holográficas, información contextual en tiempo real, espacios colaborativos tridimensionales y asistentes inteligentes conviviendo con nuestra realidad cotidiana. No se trata de escapar del mundo real, se trata de enriquecerlo.
| ¿Qué significa esto para las marcas?
Para las empresas, la conversación también cambió. Hace tres años la pregunta era: “¿Debemos entrar al metaverso?”. Hoy la verdadera pregunta es mucho más estratégica: ¿Cómo diseñamos experiencias donde lo físico y lo digital funcionen como un solo ecosistema? El consumidor ya no distingue entre canales físicos y digitales. Espera continuidad, personalización y experiencias memorables, independientemente del punto de contacto.
Las marcas más innovadoras están entendiendo que el valor ya no reside únicamente en vender productos o servicios, sino en construir experiencias inmersivas capaces de fortalecer la relación con sus audiencias.
Esto implica desarrollar espacios híbridos donde una visita a una tienda pueda enriquecerse con realidad aumentada; donde un restaurante complemente la experiencia gastronómica con narrativas digitales; donde un museo permita interactuar con sus colecciones mediante tecnologías inmersivas o donde un proceso industrial sea optimizado gracias a gemelos digitales alimentados por IA.
El verdadero reto ya no consiste en estar en el metaverso, sino en comprender cómo las nuevas tecnologías pueden crear valor para las personas.
| La era de las realidades híbridas
Después de varios años observando esta evolución, estoy convencida de que estamos utilizando el término equivocado. Ya no estamos entrando al metaverso. Estamos entrando a la era de las realidades híbridas. Una etapa donde las fronteras entre el mundo físico y el digital comienzan a desaparecer para dar paso a una nueva forma de trabajar, aprender, consumir, colaborar y relacionarnos.
Las organizaciones que comprendan esta transición dejarán de preguntarse qué tecnología adoptar y comenzarán a preguntarse cómo reinventar la experiencia de sus clientes, colaboradores y modelos de negocio.
Como ha ocurrido con muchas grandes innovaciones, el mayor impacto no provendrá de una tecnología aislada, sino de la convergencia entre varias de ellas.
Concluyo que quizá el metaverso nunca fue el destino final. Fue simplemente el nombre que le dimos al inicio de una transformación mucho más profunda.Y esa transformación apenas comienza.
No estamos frente al fin del metaverso. Estamos frente al inicio de las realidades híbridas. AN

La Maestra Sylvia Hernández Benítez es Business Strategy Advisor (Business Transformation, Corporate Strategy, Strategic Innovation, Marketing & Communications).
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