Los nuevos miedos digitales de las empresas
Mientras las empresas mexicanas avanzan en su transformación digital, aparecen nuevos riesgos. Fraude, herramientas de inteligencia artificial usadas sin control, ataques invisibles a dispositivos móviles, escasez de talento y amenazas poscuánticas ya empiezan a comprometer las operaciones, la reputación y el crecimiento. Estos son seis focos rojos que deberían estar en el radar de cualquier líder empresarial.
Por: Claudia CerezoContinua en la historia
1. El problema no solo es tecnológico
Mientras los ataques cibernéticos se están volviendo más sofisticados, la formación de especialistas avanza mucho más lento. México necesita alrededor de 83,000 expertos en ciberseguridad, pero apenas cuenta con cerca de 6,000 profesionales, de acuerdo con el estudio Radiografía del talento digital, elaborado por Select y la empresa mexicana especializada en administración de riesgos tecnológicos y ciberseguridad IQSEC.
El dato ayuda a entender por qué tantas empresas siguen teniendo dificultades para proteger su infraestructura, responder a incidentes o cubrir vacantes críticas.
Sin embargo, el problema no está en la falta de egresados de carreras tecnológicas. El sistema educativo incluso genera un superávit de profesionales TIC (Tecnología de Información y Comunicaciones). El reto aparece en la especialización. Apenas 1.4% de la matrícula estudia programas específicos de ciberseguridad, y durante 2025 solo egresaron 933 especialistas en todo el país.
O sea que ya no basta con ser ingeniero en sistemas. Las compañías buscan perfiles específicos: analistas de SOC (Security Operations Center; centro de operaciones de seguridad), especialistas en vulnerabilidades, ingenieros de seguridad, expertos en gestión de riesgos y profesionales capaces de proteger infraestructuras híbridas en las que conviven sistemas antiguos con plataformas digitales mucho más modernas.
Obviamente, la escasez de talento ya ha elevado los salarios y ha convertido estos perfiles en unos de los más peleados en el mercado. En muchas organizaciones se trabaja con equipos de seguridad reducidos, áreas saturadas y poca capacidad de reacción frente a amenazas que evolucionan todos los días.
Otro obstáculo es el idioma. El estudio de IQSEC y Select señala que apenas 35% de los profesionales TIC en México tiene un nivel avanzado de inglés, una habilidad indispensable porque las certificaciones, las investigaciones y las herramientas más avanzadas se desarrollan fuera del país.
El problema es todavía más complejo en sectores como telecomunicaciones. La firma de servicios profesionales EY estima que 85% de los empleados del sector en México no tiene habilidades relacionadas con inteligencia artificial, justo cuando las amenazas comienzan a automatizarse cada vez más.
2. La IA ya entró a las oficinas… sin autorización
Muchos empleados ya usan la IA todos los días para resumir documentos, redactar correos, analizar información o generar reportes. Pero gran parte de ese uso no tiene reglas claras ni está supervisado. Este fenómeno ya tiene nombre: Shadow AI.
Los especialistas advierten que los trabajadores de distintas áreas están compartiendo información sensible en plataformas de IA generativa sin medir los riesgos. Código fuente, contratos, estrategias internas, datos de clientes e información financiera pueden terminar fuera de la organización, pues muchas empresas no están preparadas para lo rápido que se están popularizando estas herramientas.
Microsoft estima que 75% de los trabajadores del conocimiento ya utiliza IA en su trabajo, mientras que McKinsey calcula que más de 40% de las empresas ya han adoptado IA en al menos una función del negocio. Sin embargo, muchas compañías aún carecen de marcos de gobernanza robustos. En otras palabras: la tecnología está avanzando mucho más rápido que las políticas internas.
Paola Buenrostro, directora de Infosecurity México, evento especializado en ciberseguridad y seguridad de la información, dice que las compañías están adoptando estas herramientas antes de aprender a gobernarlas. Y eso abre nuevas zonas de riesgo: decisiones sin trazabilidad, filtraciones de información y procesos automatizados que operan sin control.
La IA también ha comenzado a modificar los fraudes digitales. Hoy los atacantes pueden automatizar correos falsos de forma mucho más creíble, replicar patrones de comportamiento, crear mensajes personalizados y escalar ataques a velocidades inimaginables.
En el mundo financiero, por ejemplo, los sistemas de pagos inmediatos están bajo ataques constantes. Sergio Gómez, gerente de Karpay en Praxis, empresa mexicana especializada en infraestructura tecnológica para pagos digitales, dice que los intentos de fraude ya forman parte de la operación diaria de muchas organizaciones.
Este dato muestra la magnitud del problema: de acuerdo con el estudio Medios de Pago México 2025, el 62% de los usuarios bancarizados ha enfrentado al menos un intento de fraude.
Para Gómez, el crecimiento de las transferencias electrónicas ha disparado la necesidad de monitoreo en tiempo real. Montos inusuales, horarios atípicos o movimientos sospechosos pueden convertirse en señales de alerta que deben detectarse prácticamente al instante.
Gómez explica que la IA ya permite identificar patrones anormales antes de que una transacción fraudulenta se complete. El problema es que los delincuentes también están utilizando herramientas similares.
3. El e-commerce abrió otro punto vulnerable
México ya ocupa el octavo lugar mundial en comercio electrónico, según datos de la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO). ¿Qué significa esto? Que el canal digital dejó de ser un complemento para convertirse en una parte central del negocio de miles de empresas. Sin embargo, cada transacción también abre un nuevo punto vulnerable.
Omar Ramírez, CTO y cofundador de Bambú Tech Services, firma mexicana de desarrollo de software y soluciones tecnológicas a la medida, dice que muchas organizaciones todavía enfrentan problemas tecnológicos en temporadas de alta demanda: fallas en pagos, errores en integraciones, saturación de plataformas o debilidades de seguridad que aparecen justo en los momentos de mayor tráfico.
El crecimiento del e-commerce también ha ampliado la superficie para el fraude digital. Transacciones no autorizadas, devoluciones fraudulentas y ataques dirigidos a plataformas de venta en línea son cada vez más frecuentes.
El problema no se limita a los grandes retailers, como OXXO, Liverpool o Walmart. El último Censo Económico del INEGI muestra que de los 5.4 millones de unidades económicas registradas, 304,000 realizan ventas por internet. Cada negocio que se digitaliza amplía, al mismo tiempo, su exposición.
“El uso de tecnologías sofisticadas como la IA hace que los hackers lleven la ventaja frente a las empresas, ya que ellos tienen una adopción más rápida. Por eso, las empresas deben estar listas para hacer frente a ataques más rápidos, más frecuentes y con mayor alcance”, alerta Ramírez, quien explica que se requiere de infraestructura, planificación y herramientas especializadas dentro de las organizaciones.
4. El teléfono celular se convirtió en la nueva oficina
En los últimos años, las empresas han invertido millones de pesos en proteger servidores, centros de datos y redes corporativas. Pero el dispositivo más utilizado dentro de las compañías sigue siendo uno de los menos protegidos: el smartphone.
Oscar Bouquet, director de Ciberseguridad de la empresa de servicios de transformación digital SONDA México, describe este fenómeno como “el robo invisible”. “No es un ataque espectacular ni una caída masiva de sistemas. Es algo silencioso y, por lo tanto, más peligroso: la extracción de datos, credenciales y accesos desde dispositivos móviles que operan dentro del ecosistema empresarial”.
Y es que el teléfono ya no es solamente una herramienta de comunicación, sino que hoy concentra correos, plataformas corporativas, accesos financieros, aprobaciones, información sensible y sistemas críticos.
México tiene una dependencia particularmente alta del móvil. Más del 96% de los usuarios accede a internet desde su teléfono celular, según datos del INEGI. Por eso hoy la seguridad también tiene que enfocarse en los dispositivos móviles.
Un enlace malicioso, una aplicación aparentemente inofensiva o una red Wi-Fi comprometida pueden convertirse en el inicio de una infiltración silenciosa que podría permanecer activa durante semanas o meses sin ser detectada.
El trabajo híbrido también aumentó el riesgo. Los empleados se conectan desde cafeterías, aeropuertos, hoteles o redes domésticas para trabajar, lo que genera una superficie de exposición mucho más difícil de controlar.
5. La infraestructura crítica está bajo presión
De acuerdo con la empresa SonicWall, que desarrolla firewalls y herramientas de protección en la nube, manufactura, comercio mayorista y gobierno concentran gran parte de la actividad maliciosa registrada en México. ¿La razón? Son industrias profundamente digitalizadas, con operaciones críticas conectadas a redes y sistemas que no pueden detenerse.
Y como cada vez más servicios dependen de tener una conectividad permanente, la presión aumenta. Un problema en redes o plataformas digitales ya no afecta solo a una empresa; puede generar interrupciones en cadena para miles de usuarios y negocios.
El Mundial de Futbol de 2026 es otro punto de preocupación. NETSCOUT, empresa de ciberseguridad especializada en la protección de ataques de denegación de servicio (DDoS), advierte que eventos masivos de este tamaño suelen convertirse en terreno fértil para fraudes digitales, ataques DDoS, plataformas falsas y robo de información.
Boletos falsos, plataformas fraudulentas, ataques a servicios de streaming, pagos intervenidos y páginas apócrifas forman parte de una economía digital paralela que se mueve alrededor de eventos globales de gran escala.
6. La banca mira hacia el futuro con preocupación
Hay un tema que ya comenzó a aparecer en las juntas del sector financiero: la computación cuántica. Los bancos centrales del Grupo de los Siete (G7), que integra a Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá y la Unión Europea, ya alertaron sobre el impacto que esta tecnología podría tener sobre los sistemas criptográficos que protegen pagos, comunicaciones y datos sensibles.
Uno de los mayores temores es el modelo conocido como harvest now, decrypt later: que consiste en interceptar y almacenar información cifrada en el presente para descifrarla posteriormente mediante capacidades cuánticas más avanzadas.
El desafío cobra relevancia en México en un momento en que la digitalización financiera continúa acelerándose. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2024, elaborada por el INEGI, más del 69% de los usuarios de internet realizan operaciones bancarias o pagos digitales. A su vez, el Banco de México reportó que el SPEI procesó más de 5,000 millones de operaciones durante 2024, reflejando la creciente dependencia del ecosistema financiero de las plataformas digitales.
A medida que aumentan las transacciones digitales, también crece la presión sobre bancos y fintechs para modernizar la infraestructura criptográfica que protege millones de operaciones. Pero el reto no solo es de actualización tecnológica; implica identificar sistemas vulnerables, migrar infraestructura heredada y adaptarse a nuevos estándares internacionales sin comprometer la continuidad operativa.
“El problema para las instituciones financieras no es únicamente cuándo llegará la computación cuántica, sino si tendrán tiempo suficiente para prepararse. Muchas organizaciones todavía no tienen visibilidad completa sobre dónde utilizan criptografía vulnerable dentro de su operación”, dice Santos Campa, vicepresidente de Futurex, proveedor de soluciones de encriptación empresarial y gestión de claves.
Para la compañía, la transformación será particularmente compleja para aquellas instituciones financieras con arquitecturas antiguas y operaciones críticas que no pueden detenerse. AN