¿Por qué los protocolos de seguridad ya no son suficientes?
Por: Fernando CalderónContinua en la historia
En el análisis de la economía real, los indicadores de seguridad suelen quedar relegados a una nota al pie de los estados financieros. Sin embargo, los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) revelan una persistente brecha en la gestión del peligro que ninguna organización puede ignorar. México mantiene una tendencia superior a los 400,000 eventos adversos de trabajo anuales, una cifra que impacta directamente en la productividad nacional.

México mantiene una tendencia superior a los 400,000 eventos adversos de trabajo anuales, una cifra que impacta directamente en la productividad nacional.
| Anticiparse, la clave
Esta numeralia es el síntoma de una gestión de talento que prioriza el entorno físico sobre la estructura conductual del colaborador. Este mes de abril, en el marco del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, las cifras obligan a una reflexión institucional profunda sobre nuestras metodologías de prevención. El país registra más de 1,100 percances cada 24 horas, una frecuencia que desborda cualquier esquema de reacción tradicional.
Solamente en el ciclo 2024-2025, el Seguro de Riesgos de Trabajo del IMSS destinó más de 45,000 millones de pesos a prestaciones relacionadas con estos eventos. A pesar de las inversiones de capital en equipo de protección personal y certificaciones internacionales, la métrica no desciende de forma significativa. Esto ocurre porque el enfoque dominante en la industria sigue siendo reactivo, limitándose a mitigar daños en lugar de anticipar conductas.

Los principales detonadores de conductas inseguras de los trabajadores son: baja capacidad de evitar riesgos y baja tolerancia a la frustración.
| El factor humano como origen del acto inseguro
Las cifras de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y diversos análisis sectoriales coinciden en un punto crítico: entre el 80% y el 90% de los incidentes laborales se originan en actos inseguros. La mayoría de estas situaciones no derivan de fallas mecánicas fortuitas, sino de decisiones humanas erróneas tomadas bajo presión o fatiga. El equipamiento técnico ya no es capaz de compensar una predisposición individual a la vulnerabilidad.
A través de la prueba SafetyTEST, de MIDOT, prueba que evalúa el riesgo potencial de accidentes, se detectó que los principales detonadores de conductas inseguras de los trabajadores son: baja capacidad de evitar riesgos y baja tolerancia a la frustración. Esto significa que existe una creencia común de ser “infalible” a un accidente, y se subestiman los riesgos latentes en un puesto de trabajo.
Esta exposición al peligro no responde necesariamente a una falta de pericia o entrenamiento técnico. El o la colaboradora con amplia experiencia puede poseer rasgos psicológicos que lo inclinan a omitir protocolos en favor de la inmediatez operativa. El exceso de confianza, la impulsividad y esa baja tolerancia, son los verdaderos precursores de la accidentalidad en los entornos de alto riesgo.
Por ello, la seguridad conductual debe ser entendida como el eje central de una estrategia de gestión de activos de largo plazo. Es un modelo que trasciende el cumplimiento normativo básico y los manuales estáticos. Ignorar la psicología del trabajador en la línea de producción es aceptar un margen de error financiero y operativo inaceptable para cualquier organización que aspire a la excelencia.
| De la reacción a la analítica predictiva
Integrar la evaluación de perfiles desde el proceso de reclutamiento permite a la empresa transitar hacia un modelo de gestión anticipado. Es factible identificar, mediante psicometría especializada, a personas con un alto compromiso intrínseco con la norma y el autocuidado. Este enfoque no es un criterio de exclusión, sino una herramienta de asignación estratégica de funciones críticas para la operación.

Es factible identificar, mediante psicometría especializada, a personas con un alto compromiso intrínseco con la norma y el autocuidado.
Las empresas que implementan evaluaciones robustas logran mitigar sus tasas de siniestralidad hasta en un 60% en los primeros años. Esto optimiza directamente los costos operativos, reduce las primas de riesgo y fortalece la resiliencia del negocio ante contingencias. La transición hacia una visión predictiva es hoy, más que nunca, una necesidad de supervivencia financiera y un imperativo ético. AN