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Revisión del T-MEC: clave para el futuro del modelo exportador de México

Aunque el panorama luce más favorable que a principios de 2025, toda vez que el tratado comercial no se canceló y el 85% de las exportaciones mexicanas a EU cumplen con las reglas del T-MEC y se mantienen libres de arancel, lo que sigue siendo una ventaja frente a otros países, el verdadero riesgo está en prolongar la incertidumbre hasta 2036, ya que afectaría inversión, nearshoring y decisiones empresariales.

Por: Sergio Castañeda Swipe

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| A revisión anual

A pesar de que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) continúa siendo el principal marco de integración económica de Norteamérica, sosteniendo un intercambio comercial cercano a 1.6 billones de dólares anuales y cadenas de suministro altamente integradas en sectores estratégicos como el automotriz, manufacturero, agroindustrial, electrónico y de equipo eléctrico, el presidente Donald Trump decidió el pasado 1 de julio no respaldar la extensión del tratado en su forma actual por un periodo de 16 años, hasta el 2042.

Y aunque esta decisión no implica el fin del acuerdo, ni tampoco una amenaza a la integración norteamericana, ya que el tratado comercial permanecerá vigente hasta el 1 de julio de 2036, es el inicio de una probable renegociación prolongada de los términos que rigen el acceso preferencial al mercado manufacturero integrado más grande del mundo.

De hecho, la tercera ronda de negociaciones entre México y EU dentro de la revisión del T-MEC, llevada a cabo en Ciudad de México entre el 21 y 23 de julio, concluyó sin acuerdos definitivos. Los temas más sensibles siguen siendo las reglas de origen automotriz, donde Washington busca mayor contenido regional para evitar triangulaciones desde China. México, por su parte, intenta preservar competitividad y evitar un encarecimiento de la producción.

| La versión oficial

Para la presidenta Claudia Sheinbaum, la reunión que tuvieron el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el Representante Comercial de los Estados Unidos, Jamieson Greer, fue buena, pues se avanzó en en temas como acero, aluminio, derivados, sectores estratégicos, fortalecimiento de las cadenas de valor y sustitución de importaciones de Asia.

No obstante, la mandataria reconoció el pasado 24 de julio, durante una conferencia desde Cuernavaca, Morelos, que la revisión que se está haciendo del T-MEC es sobre una nueva visión que tiene el gobierno de los EU, de protección de su economía y de imposición de aranceles al resto del mundo, incluido México.

Previo a y durante la tercera ronda de conversaciones, la delegación estadounidense comunicó que como parte de una política comercial global y por un tema de normativas internas a partir del 24 de julio sustituiría los aranceles a 60 países, incluyendo México, que había impuesto bajo la sección 122 por aranceles basados en la sección 301 sobre trabajo forzado.

En un comunicado, la Secretaria de Economía explicó que para el caso particular de México, el nuevo anuncio mantiene la exención de arancel a exportaciones que cumplan con las reglas del T-MEC. Con ello, alrededor del 85% de las exportaciones mexicanas al mercado estadounidense continuarán con arancel cero. El 10% que se prevé para México bajo la sección 301 es el mismo 10% que se tenía hasta hoy bajo la sección 122. Uno sustituye al otro, por lo que el trato arancelario se mantiene.

| Incertidumbre política y comercial

A pesar del optimismo del gobierno mexicano, el presidente Trump sigue endureciendo su postura sobre el T-MEC, al asegurar el pasado 28 de julio que el tratado comercial es importante para México y Canadá, pero no para EU.

“No me importa, la verdad es que no quiero hacerlo. Prefiero ser independiente”, respondió el mandatario estadounidense a la pregunta de si estaba dispuesto a renovar el tratado comercial en una entrevista en Fox News.

Todo esto genera incertidumbre política y comercial, sobre todo en sectores estratégicos como el automotriz, que mantiene un arancel de 25% a vehículos y autopartes ensamblados en el país que utilizan un alto porcentaje de componentes fuera de Norteamérica; el metalúrgico (acero y aluminio) y el agropecuario, que han servido como herramienta de presión para forzar al gobierno mexicano a endurecer sus políticas de seguridad fronteriza y control migratorios, manteniendo así una palanca de negociación que opera en el paralelo con el tratado comercial.

“No fue una sorpresa el que no se ratificara el T-MEC, había más incentivos para no hacerlo, para mantenerlo como una estrategia, una herramienta de presión hacia el gobierno mexicano, que tiene efectos tremendos para la economía mexicana y que puede ser muy útil en negociaciones futuras”, asegura Cynthia Valeriano, profesora de Economía en el Tecnológico de Monterrey.

En entrevista con Alto Nivel, la economista dice que lo más complejo tiene que ver con la posición en la que queda México, porque por mucho que se quiera matizar, sale debilitado de este proceso de revisión. “Sin duda, de los tres países socios que integran el tratado comercial, México es el que puede tener un mayor efecto económico negativo a partir de la decisión tomada”.

| Un ejemplo claro

Es la industria automotriz local, que está resintiendo los efectos de dicha presión. En 2025 la producción de vehículos cayó 0.9% y en 2026 se mantendría estancada, mientras las exportaciones apenas crecerían 1.5%. Además, el empleo en este sector retrocedió 3.6% anual en enero–mayo.

La presión ejercida por Trump también se puede observar en los planes de inversión de las empresas automotrices instaladas en México. El pasado 7 de julio, Toyota Motor North America, Inc., la sede central de Toyota en Norteamérica, anunció una inversión de 3,600 millones de dólares (mdd) en su planta de San Antonio, Texas, que incluye la creación de una segunda línea de montaje de vehículos.

UBS Global Wealth Management Chief Investment Office destaca que, aunque la decisión de EU de no extender automáticamente el T-MEC por 16 años genera incertidumbre, el acuerdo sigue siendo la principal ventaja competitiva México, pues los bienes conformes continúan exentos de aranceles generales bajo la IEEPA y la Sección 122.

Sin embargo, señala la consultora en un análisis, la revisión abre un debate estructural centrado en la seguridad económica, las cadenas de suministro estratégicas y los aranceles de la Sección 232 al acero, aluminio y sector automotriz, los cuales ya presionan las exportaciones mexicanas hacia EU, registrando una caída del 3.6% interanual en vehículos ligeros durante el primer semestre de 2026.

“Trump tiene que cumplirle a su base electoral, rescatar esa historia industrial y fortalecer sobre todo el sector automotriz en su territorio, por eso está apretando las condiciones hacia fuera para que no sea tan competitivo, para que no sea tan atractivo, seguir mudando producción o parte de la cadena de proveeduría a otros países como México; y relajando las condiciones hacia el interior, para que sea atractivo otra vez invertir en EU”, subraya Valeriano, del TEC de Monterrey.

| Pese a presión, integración regional se profundiza

El panorama arancelario seguirá enfrentando cambios relevantes. La primera semana de septiembre se llevará a cabo una cuarta ronda de negociaciones en Washington D.C., que habrá que tener en la mira por sus efectos económicos y políticos en la relación bilateral.

Respecto a esto último, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) considera que más que un debilitamiento de la relación comercial, las cifras más recientes de balanza comercial reflejan una integración regional que continúa profundizándose.

Entre enero y junio de 2026, las exportaciones mexicanas sumaron 389,723 millones de dólares (mdd), un crecimiento anual de 24.6%, mientras que las importaciones alcanzaron 379,866 mdd (+22.0% anual), con un superávit acumulado de 9,857 mdd. Además, 84.16% de las exportaciones no petroleras tuvo como destino EU, con un aumento anual de 25.7%.

Sobre este punto y las recientes declaraciones del presidente Trump, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard dijo el pasado 29 de julio que México tiene el mejor trato, lo cual explica porque han crecido las exportaciones a EU. “La integración entre los dos países y, sobre todo, por un dato que hay que tener presente: México es el cliente número uno de EU, nadie le compra más a EU que México. Si sumas a China, Alemania y Japón, nosotros le compramos más a EU. Somos su cliente número uno. Entonces, por eso estamos buscando mantener esa relación”.

“Vamos a ver qué sucede en los próximos meses, pero por hoy vamos bien. La siguiente ronda de conversaciones con EU es la primera semana de septiembre, lo cual nos va a permitir tener claro, cómo está la correlación entre México y el resto de los países, porque lo que queremos lograr es que la posición de México siempre sea preferencial respecto a cualquier otro país”.

| Los retos

Alejo Czerwonko, Chief Investment Officer para Mercados Emergentes de UBS, junto con Gabriela Soni, Head de Estrategia de Inversión en México, y Laura Assis, analista de UBS, señalan que el acceso preferencial al mercado estadounidense ya no dependerá solo del origen del producto, sino del origen del capital y la propiedad de los activos. Asimismo, enfatizan que la competitividad futura de México dependerá tanto de la negociación comercial como de solucionar retos internos de gobernanza, seguridad pública y estado de derecho.

México Evalua coincide, al asegurar que un tratado comercial tan relevante como el T-MEC solo podrá ofrecer certidumbre de largo plazo si está respaldado por Estado de derecho, reglas previsibles e instituciones confiables.

La cooperación entre México y EU subraya en un análisis, dependerá de la capacidad de ambos países para construir confianza sobre bases institucionales sólidas, especialmente en temas como seguridad, justicia y competitividad regional, más allá de las batallas retóricas.

En ese sentido, señala, una fiscalía con herramientas limitadas difícilmente podrá combatir redes criminales complejas; una policía insuficiente puede contener temporalmente la violencia, pero no garantizar una paz duradera; un programa que transfiere recursos a las escuelas puede ampliar su cobertura, pero sin mecanismos de seguimiento ni acompañamiento técnico será difícil asegurar mejores condiciones para aprender.

Fortalecer instituciones, añade, no suele producir resultados espectaculares de un día para otro, requiere inversión, continuidad, evaluación y apertura para corregir aquello que no funciona. Las políticas públicas suelen evaluarse por sus resultados inmediatos: menos homicidios, más inversión, más escuelas beneficiadas o acuerdos comerciales que permanecen vigentes. Sin embargo, esos resultados rara vez son sostenibles si no descansan sobre instituciones capaces de hacerlos perdurar. AN

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