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Seguridad: la definición que México sigue aplazando

Por: Alejandro Desfassiaux Swipe

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Empezamos el año en un escenario que genera inquietud dentro y fuera de México. La detención de figuras ligadas al crimen organizado —léase Nicolás Maduro— y la presión creciente desde Estados Unidos no son hechos aislados. Son señales claras de que la seguridad dejó de ser un asunto local para convertirse en una preocupación global. El crimen organizado ya no opera únicamente en países en desarrollo. Está presente en Europa, en Asia y en economías avanzadas, con distintos métodos, pero con el mismo fondo: tráfico de personas, drogas, extorsión, robo, control territorial y captura de actividades económicas completas.

El crimen organizado ya no opera únicamente en países en desarrollo.

| Líder global en mercados criminales

México no es ajeno a esta realidad y tampoco puede seguir tratándola como un problema circunstancial. Diversos estudios internacionales ubican al país en los primeros lugares en criminalidad y como líder global en mercados criminales, lo que impacta de manera directa en la inversión, la producción, el empleo y la vida diaria.

En los últimos años se han logrado avances en algunos delitos, pero el fenómeno estructural sigue intacto. El robo al transporte, la extorsión, el control de rutas logísticas y el derecho de piso se han normalizado en amplias regiones del país. Las carreteras son inseguras; mover mercancías o viajar en familia implica un riesgo real. Sectores completos de la economía operan bajo presión constante. Desde la producción agrícola hasta la industria y el comercio, hay actividades que ya consideran el costo del crimen como parte de su operación.

Diversos estudios internacionales ubican al país en los primeros lugares en criminalidad y como líder global en mercados criminales.

Esta realidad afecta en las decisiones empresariales. Cuando no hay seguridad, no hay planeación de largo plazo. Cuando no hay certidumbre, la inversión se frena, se pospone o se redirige. Muchos inversionistas no han salido del país, pero tampoco terminan de comprometer capital nuevo.

El problema central es la indefinición del Estado. Cuando un gobierno no deja claro cuál es su postura frente al crimen organizado, expone a sus propias instituciones. No se puede pedir a las fuerzas de seguridad que enfrenten estructuras criminales altamente organizadas sin un marco claro, sin coordinación efectiva y sin respaldo político. Esa ambigüedad debilita el Estado, desgasta a quienes sí enfrentan al crimen y, al mismo tiempo, fortalece a las organizaciones criminales.

Estados Unidos ya tomó una posición más firme. Hay señales concretas de molestia y presión: cancelación de visas, acciones judiciales y exigencias públicas de resultados. México debe actuar por interés propio, no por imposición externa.

| Coordinación, la clave

La cooperación en inteligencia y seguridad existe y puede aprovecharse, pero requiere establecer un protocolo definido, coordinar a todas las instancias —Ejército, Marina, Defensa Nacional, Secretaría de Seguridad, policías estatales y municipales— y actuar de manera frontal contra las cabezas del crimen organizado.

Este tema también tiene una dimensión reputacional que no se puede ignorar. México será sede del Mundial de Futbol. Eso implica exposición internacional, llegada de visitantes, inversión en infraestructura y atención de los medios. ¿Estamos listos para ese escaparate cuando hay carreteras inseguras, economías regionales bajo control y una política de seguridad sin rumbo claro?

Si el país sigue sin una dirección clara, el riesgo es evidente: más desorden, regiones donde el crimen controla la economía y autoridades cada vez más débiles.

A esto se suma la falta de claridad en sectores estratégicos. Energía, infraestructura, seguridad y salud requieren inversión, coordinación y apertura. Hoy vemos sistemas de salud deteriorados, hospitales sin insumos y una seguridad social rebasada. Ninguna política social puede sostenerse si no hay crecimiento económico, empleo formal e ingresos fiscales sanos que la respalden.

Si el país sigue sin una dirección clara, el riesgo es evidente: más desorden, regiones donde el crimen controla la economía y autoridades cada vez más débiles. De seguir así, el país estaría dominado por el narcotráfico. Pero también hay una oportunidad. Una política de seguridad bien definida ayudaría a que vuelva la inversión, a fortalecer la actividad productiva, a crear empleos formales y a que el Estado recupere el control. AN

 


Alejandro Desfassiaux es presidente del Consejo de Administración de Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial

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