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Opinión

¿Una silla para la inteligencia artificial en el consejo directivo?

Por: Ricardo Herrera Martínez y Javier González Núñez Swipe

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La escena aún suena a ciencia ficción: una reunión del consejo de administración en la que, junto a las figuras más influyentes de la organización, se encuentra también una interfaz de inteligencia artificial. Sin embargo, esta posibilidad está más cerca de lo que imaginamos. La pregunta ya no es si una IA puede estar en la mesa donde se toman las decisiones estratégicas, sino cómo, cuándo y bajo qué condiciones debería estarlo.

La pregunta ya no es si una IA puede estar en la mesa donde se toman las decisiones estratégicas, sino cómo, cuándo y bajo qué condiciones debería estarlo.

| Un complemento, no un reemplazo

La propuesta de incorporar una inteligencia artificial al consejo directivo no busca reemplazar al juicio humano, sino complementarlo con capacidades que ningún ejecutivo, por talentoso que sea, puede replicar por sí solo. Estamos hablando de procesos como el análisis de millones de datos en tiempo real, la detección de señales débiles del entorno, la simulación de escenarios con múltiples variables o la evaluación rápida de riesgos y oportunidades.

Una IA bien diseñada podría funcionar como un asesor imparcial, libre de intereses políticos, que expone proyecciones, inconsistencias, alertas o recomendaciones a partir de datos concretos. Lejos de quitar protagonismo a los humanos, su presencia podría elevar el nivel de profundidad, evidencia y accountability en la toma de decisiones.

Aceptar una IA como actor en la deliberación estratégica implica redefinir los límites de la autoridad y la rendición de cuentas.

En un escenario como este, ¿cuáles serían los riesgos? La incorporación de una inteligencia artificial en el consejo plantea desafíos profundos. Por ejemplo, la transparencia: ¿podemos explicar cómo se llegó a una recomendación?; los sesgos: ¿refleja prejuicios de los datos con los que fue entrenada?; la responsabilidad: si algo sale mal, ¿quién responde?; o la influencia: ¿en qué momento una recomendación se convierte en una decisión encubierta?

Aceptar una IA como actor en la deliberación estratégica implica redefinir los límites de la autoridad y la rendición de cuentas. No basta con integrarla técnicamente. Hay que gobernarla y, para ello, primero debemos establecer principios claros: ¿qué tipo de decisiones podrá influenciar (estrategia, riesgo, ética, inversiones)?; ¿quién valida sus insumos y supervisa sus resultados?; ¿cómo se audita su desempeño?; ¿cuál es el umbral de confianza mínimo para que su recomendación sea tenida en cuenta?

Incluso, la reflexión va más allá de estas preguntas técnicas, pues hay una más importante: ¿está preparada la cultura del consejo para dialogar con una inteligencia artificial como interlocutor legítimo?

| Liderar con visión

Sin duda, se vislumbra una oportunidad para liderar con visión. Incluir IA en el consejo no significa ceder el poder a las máquinas, sino reconocer que el liderazgo moderno requiere nuevas formas de pensar y nuevas herramientas para actuar. Los consejos que den este paso no lo harán por moda, sino por conciencia: el entorno ya no permite tomar decisiones estratégicas sin velocidad, evidencia, ni capacidad de anticipación.

El lugar de la IA en el gobierno corporativo no está garantizado, pero su potencial ya es ineludible.

El lugar de la IA en el gobierno corporativo no está garantizado, pero su potencial ya es ineludible. Las organizaciones que lideren este diálogo desde la ética, la estrategia y la gobernanza serán las que construyan un futuro con responsabilidad. AN

 


Ricardo Herrera Martínez y Javier González Núñez son profesores del área de Análisis de Decisiones y del área de Política de Empresa de IPADE Business School, respectivamente.

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