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Cañón de Catedral, un templo natural para conectar con lo sagrado

Por: Abraham Bojórquez Swipe

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❋ ❋ ❋ El cañón de Catedral, en el municipio de San Juan del Río, es uno de esos lugares de Durango que todavía no aparecen en todos los mapas turísticos. Por ahora, eso es parte del encanto.

A poco más de 100 kilómetros de la capital del estado, el río San Juan lleva millones de años esculpiendo algo extraordinario. Las paredes de roca se elevan a más de 100 metros, se quiebran en ángulos imposibles y forman agujas que apuntan al cielo con la misma precisión que las torres góticas de una catedral europea. De ahí el nombre.

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De ahí también la sensación, cuando llegas por primera vez, de que estás parado dentro de algo mucho más antiguo que cualquier edificio construido por el hombre.

Por qué se ve así

La roca base del cañón es riolita, producto de la intensa actividad volcánica que moldeó la Sierra Madre Occidental hace entre 30 y 50 millones de años. El río San Juan fue encajando su cauce poco a poco sobre esa roca, generando las paredes verticales que hoy definen el paisaje.

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Las fracturas naturales del material volcánico produjeron los ángulos y las texturas que dan al cañón su apariencia de arquitectura gótica, mientras que las formas en la piedra como arcos, nichos, bóvedas son resultado de la erosión del agua sobre distintos minerales.

El contraste visual es lo que primero detiene a los visitantes: muros de roca seca y vertical frente al movimiento suave del río, aridez semidesértica frente a la vegetación que crece en torno al cauce. En las partes bajas, ahuehuetes, álamos y sauces acompañan el agua. Más arriba, agaves, nopales y biznagas se afirman en las laderas. En los puntos más expuestos, solo pastizales y arbustos que aprendieron a vivir con poca agua.

Qué hacer en el cañón de Catedral

La actividad principal es el senderismo. Desde la comunidad de Ignacio López Rayón hay una ruta de aproximadamente tres kilómetros siguiendo el río San Juan hasta llegar al corazón del cañón. El nivel de dificultad es bajo y la ruta es apta para familias. El camino acompaña el agua, pasa entre las paredes de roca y ofrece composiciones fotográficas que cambian con la luz a lo largo del día.

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Para quienes viajan con bicicleta, el trayecto al cañón puede hacerse en bici de montaña por los caminos de terracería, aunque se recomienda experiencia previa en ese tipo de terreno.

El cañón tiene también un valor especial para los observadores de aves. La topografía crea corrientes de aire y microclimas que favorecen la nidificación, por lo que el corredor ecológico del río concentra una fauna voladora variada: rapaces como aguilillas y halcones, aves acuáticas en el cauce y paseriformes en el matorral. Las mejores temporadas para la observación de aves son otoño y primavera, cuando coinciden las especies residentes con las migratorias.

Las paredes verticales del cañón tienen condiciones geológicas favorables para la escalada y el rappel, aunque por el momento no existe infraestructura formal para estas actividades. El cauce del río San Juan abre posibilidades para el cañonismo durante la temporada de lluvias, entre julio y septiembre.

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Y si lo que buscas es simplemente sentarte a la orilla del río con algo de comida y pasar la mañana sin apurarte, el cañón también sirve perfectamente para eso.

Cuándo ir al cañón
de Catedral en Durango

La primavera y el otoño son las mejores épocas para visitar. Entre marzo y mayo el ambiente es seco, las cactáceas florecen y la luz es excelente para la fotografía. Entre octubre y noviembre el calor baja, el agua del río corre en un volumen moderado y los colores cálidos de la vegetación transforman el paisaje.

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El verano trae lluvias frecuentes que ponen verde todo el entorno y crecen el río, pero la terracería de acceso puede volverse resbaladiza y complicar el trayecto. En invierno también se puede visitar, aunque las noches suelen registrar heladas y conviene ir preparado para el frío.

En cualquier época, la recomendación es salir entre las 7 y las 9 de la mañana. La luz matinal dentro del cañón es distinta a cualquier otra hora del día y llegar temprano permite recorrer la ruta antes de que el calor del mediodía se instale entre las paredes de roca.

Cómo llegar
al cañón de Catedral

El acceso parte de la ciudad de Durango por la carretera Durango–Parral (federal 45) en dirección norte. Son aproximadamente 105 kilómetros hasta el municipio de San Juan del Río, un trayecto de hora y media en condiciones normales. Desde la cabecera municipal se toma el entronque hacia la comunidad de Ignacio López Rayón, donde termina el asfalto y comienza la terracería.

El tramo de terracería hasta Ignacio López Rayón son unos 20 kilómetros. No se requiere vehículo de doble tracción en condiciones normales, aunque durante la temporada de lluvias conviene verificar el estado del camino antes de salir. En el poblado se deja el vehículo y desde ahí se continúa a pie o en bicicleta los tres kilómetros que llevan al cañón.

♦ Desde Durango capital: 105 km, 1 hora 30 minutos en coche más 3 km a pie.

♦ Desde Chihuahua: 300 km, 3 horas 15 minutos.

♦ Desde TorreónCoahuila: 250 km, 2 horas 45 minutos.

♦ Cuota de acceso: $25 MXN por persona (cuota ejidal en Ignacio López Rayón).

♦ Estacionamiento: en el poblado, a tres kilómetros del cañón.

♦ Señal celular: limitada o nula en la zona del cañón.

Lo que debes llevar

El cañón no tiene puntos de venta en el trayecto ni servicios de ningún tipo dentro de la ruta. Todo lo que necesitas tiene que salir contigo desde casa.

Lleva al menos dos litros de agua por persona. El calzado debe tener suela gruesa con buen agarre, porque el terreno combina roca, arena y terracería en distintos tramos. El sol puede ser intenso entre las paredes del cañón, así que el bloqueador solar y el sombrero son tan importantes como las botas. Lleva las baterías de la cámara o el celular completamente cargadas, porque tampoco hay puntos de recarga en el camino.

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Antes de partir, avisa a alguien de tu plan de visita. La señal celular desaparece prácticamente desde que entras al cañón.

Más cosas que hacer
en los alrededores
del cañón de Catedral

El municipio donde se encuentra el cañón tiene una historia que vale la pena conocer. San Juan del Río aparece en los registros históricos desde 1555, cuando el explorador Francisco de Ibarra llegó a la zona. En 1572 los franciscanos establecieron su monasterio y el municipio formó parte del Camino Real de Tierra Adentro, hoy Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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San Juan del Río
 es también el lugar natal de Doroteo Arango, conocido en la historia de México como Pancho Villa. A cinco kilómetros de la cabecera municipal está la casa donde nació, convertida hoy en centro cultural con museo y monumento conmemorativo.

Otros lugares que complementan bien la visita al cañón:

♦ Balneario El Pozo: aguas termales con albercas, restaurante y áreas recreativas. Cuota de $50 MXN por persona.

♦ El Castillo de Menores: formación rocosa ideal para caminatas y fotografía.

♦ Convento de San Francisco de Asís: uno de los conventos más importantes de la antigua Nueva Vizcaya, construido entre los siglos XVI y XVII.

♦ Templos barrocos: el Santuario de Guadalupe (1734–1800) y el Templo de San Miguel Arcángel (1764).

En cuanto a la comida, la gastronomía de San Juan del Río merece su propio tiempo. Las gorditas de cuajada, el asado de boda, los dulces de nuez, el ate de membrillo y el sotol artesanal son razones suficientes para sentarse a comer sin apuro antes o después del cañón.

Un lugar que todavía
está a tiempo de conocerse bien

El cañón de Catedral no tiene señalización turística, no tiene sanitarios, no tiene guías certificados ni infraestructura formal de ningún tipo. Lo que tiene es una formación geológica grabada en sus muros de roca, un río que sigue esculpiendo con la misma paciencia de siempre y una comunidad ejidal en Ignacio López Rayón que cuida el acceso y puede orientarte sobre las condiciones del camino y el río.

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El cañón de Catedral es de esos lugares que todavía no se han llenado de letreros ni de vendedores en la entrada, y que todavía se pueden recorrer con la sensación de que recién lo estás descubriendo tú.

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