El otoño entra a Chihuahua por las cumbres y tarda semanas en bajar al fondo de las barrancas.
Continua en la historia
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El monzón se retira de Chihuahua a mediados de septiembre. Las tormentas de la tarde se van espaciando hasta desaparecer y el cielo se vuelve de un azul seco que ya no promete lluvia.
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El estado mide poco más de 247 mil kilómetros cuadrados, el más grande del país. Una superficie así no cambia de estación de un día para otro.
El otoño entra por arriba, por los bosques que están a más de 2 mil 400 metros de altitud, y baja con calma hacia los valles agrícolas y el fondo de las barrancas.
✤La primera señal aparece en las huertas. Entre agosto y septiembre se recoge la cosecha de manzana en los municipios de Cuauhtémoc, Guerrero, Namiquipa y Bachíniva, al noroeste del estado. Chihuahua produce cerca del 85% de la manzana que se consume en México, en unas 32 mil hectáreas de huerta, y durante esas semanas los caminos de la región se llenan de camiones cargados con cajas de veinte kilos. Familias rarámuri bajan de la sierra para trabajar en el corte.
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Golden Delicious es la variedad dominante. Ocupa cerca de seis de cada diez hectáreas plantadas. El 20 de septiembre se conmemora el Día Nacional de la Manzana, fecha que marca el cierre de la temporada.
✤Las huertas cambian de color después, cuando ya están vacías. El follaje del manzano amarillea durante octubre, con la fruta guardada en las cámaras de refrigeración desde donde saldrá a venderse el resto del año.
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En la sierra Tarahumara el bosque de pino y encino se mantiene verde casi todo el año. El color llega por otra vía, la de los árboles que crecen pegados al agua. En los valles del río Piedras Verdes, cerca de Casas Grandes, los álamos y los arces se encienden en amarillos y rojos durante unas pocas semanas de octubre.
Es un fenómeno corto. Quien llega tarde encuentra las ramas peladas y el suelo cubierto.
✤El agua también anuncia el cambio. La cascada de Basaseachi cae 246 metros sobre la barranca de Candameña, en el municipio de Ocampo, y es la caída permanente más alta de México.
La alimentan dos arroyos, el Durazno y el Basaseachi, que bajan crecidos con el monzón y se adelgazan conforme avanza la temporada. El visitante de septiembre encuentra una columna de agua. El de noviembre, un hilo. La Piedra Volada, de 453 metros, desaparece por completo hasta el siguiente verano.
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Con el fin de las lluvias llega el aire limpio. En El Divisadero, sobre la junta de tres barrancas, el verano fabrica nubes que suben por la mañana y descargan por la tarde encima del bosque. Cuando el monzón se va, ese telón se descorre y el mirador entrega la vista completa, hasta el fondo.

Abajo, en el interior de las barrancas, el otoño tarda en llegar. Batopilas está a 551 metros sobre el nivel del mar y su municipio abarca desde los 300 hasta los 2 mil 800.
Mientras en las partes altas empiezan las heladas, en la barranca la temperatura se sostiene alrededor de los 15 grados y la vegetación sigue siendo de clima cálido. El camino que desciende desde Creel atraviesa tres pisos climáticos en unas cuantas horas de curvas.
✤En Cerocahui, pueblo misional de la barranca de Urique, el otoño trae la vendimia. Las vides llegaron con los jesuitas a principios del siglo XVIII y sobrevivieron a su partida gracias al cuidado de algunas familias del pueblo. El viñedo del Hotel Misión produce hoy un vino que se bebe ahí mismo, junto al brasero, cuando ya refrescó.
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Hacia el oriente, en la cuenca del río Conchos, el calendario es otro. Delicias, Camargo, Jiménez y Aldama concentran buena parte de las más de 78 mil hectáreas de nogal del estado, que en 2024 aportaron el 62% de la nuez pecanera producida en el país.
La cosecha arranca en noviembre, cuando el follaje ya va de salida. Las máquinas sacuden los troncos y la nuez cae sobre un suelo alfombrado de hoja seca.
✤ Cerca de la capital está la versión doméstica de todo esto. El Parque Nacional Cumbres de Majalca fue decretado en 1939 y protege 4 mil 772 hectáreas de bosque de pino y encino, sembrado de enormes formaciones rocosas que el viento y la lluvia llevan siglos erosionando.
Es uno de los pocos rincones del norte del país donde habita el oso negro. Los habitantes de la ciudad de Chihuahua suben a acampar los fines de semana, sobre todo cuando el calor cede.

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Los frentes fríos empiezan a entrar por la frontera en octubre y cada uno deja el termómetro más abajo que el anterior. San Juanito, en el municipio de Bocoyna, tiene fama de ser el pueblo más frío de México y suele aparecer en los reportes con las mínimas nacionales.
Para noviembre las madrugadas de la sierra están bajo cero y las tardes del desierto todavía se sienten templadas.
✤✤✤✤ Visto desde lejos, el color del otoño chihuahuense dibuja un mapa.
Los árboles que se encienden son los que siguen el agua: los álamos de los arroyos y los nogales plantados junto al Conchos. En un estado que es sobre todo desierto y pastizal, las hojas amarillas muestran por dónde corre el río.
Después caen y el mapa se borra.