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¿Has oído hablar de Sontecomapan? Será tu próxima obsesión

Por: Dahída Gutiérrez Swipe

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Laguna de Sontecomapan emerge como un espejo verde azulado donde se reflejan la selva tropical, el canto de los pájaros y el rumor eterno del golfo de México . Es un lugar donde la naturaleza se despliega con una intensidad que desarma, donde cada remada o brisa cuentan una historia.

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El pueblo de Sontecomapan, pequeño y acogedor, se levanta junto a la laguna como un refugio entre ríos, manglares y colinas. Aquí, los pescadores salen al amanecer, las garzas blancas se posan en los esteros, y los visitantes descubren una joya que parece resistirse al turismo masivo. La calma tiene su propio ritmo, y la hospitalidad se siente en cada sonrisa y en cada plato de mojarra recién pescada.

En este destino la tierra huele a lluvia y el aire tiene sabor a sal, es uno de los secretos más bellos de la región, donde los manglares se mecen como guardianes del tiempo y el mar con la laguna se abrazan en un beso eterno, y donde, dicen los abuelos, todavía se escuchan las risas y los gritos del temido pirata Lorencillo, eco de un pasado de tesoros, tormentas y aventuras.

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La barra de Sontecomapan:
entre el verde y el azul

Al llegar, lo primero que asombra es el color. El verde espeso de la selva se derrama hasta tocar el azul profundo del golfo; entre ambos, una lengua de arena dorada marca la fronterala barra de Sontecomapan, un paraíso donde la naturaleza regala postales dignas de apreciarse.

Aquí, los pescadores saludan con una sonrisa franca mientras remiendan sus redes a la sombra de las palapas. Las lanchas descansan en la orilla, balanceándose como si soñaran con volver al agua. Al fondo, el sol cae sobre la laguna, tiñendo de oro las montañas de San Martín Tuxtla, un volcán dormido que observa en silencio.

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Playas que enamoran

A pocos kilómetros de la laguna, el paisaje cambia: el verde espeso de la selva se abre para revelar playas vírgenes de arena oscura y mar bravo, donde el sonido de las olas se mezcla con el canto de las aves.

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La barra de Sontecomapan

Las olas llegan suaves, el agua cambia de azul a verde jade, y el horizonte parece infinito. Aquí se puede nadar, remar en kayak entre los canales de manglar o simplemente tumbarse en la arena con una cerveza fría y un plato de mojarra frita recién sacada del mar.

Los niños corren detrás de los cangrejos, los turistas caminan con los pies descalzos, y todo ocurre con una calma que parece curar el alma. Si tienes suerte, al atardecer verás los delfines saltando en el horizonte, justo cuando el sol se esconde detrás de la laguna.

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Dónde comer y dormir

En la barra encontrarás palapas donde los pescadores preparan ceviche de robalotostadas de jaiba y cocteles de camarón que saben a gloria. El pescado fresco llega directo del mar, y si preguntas con amabilidad, te dejarán ver cómo lo limpian y cocinan frente a ti, con ajo, limón y una pizca de picante.

Para dormir, hay pequeñas cabañas ecológicas junto a la laguna, donde el sonido de las ranas y los grillos sustituye al reloj. Al amanecer, el cielo se pinta de rosa y las garzas blancas vuelan tan bajo que casi rozan el agua. Es una imagen que queda tatuada en la memoria.

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Qué hacer en Sontecomapan

Pasear en lancha por los manglares: un espectáculo natural donde puedes ver aves migratorias, iguanas y hasta cocodrilos dormitando al sol.
Tomar un baño en la desembocadura de la laguna y sentir cómo el agua dulce se mezcla con la salada.
Caminar por la playa al atardecer, cuando los colores del cielo parecen un cuadro impresionista.
Visitar Roca Partida, un imponente peñasco donde, según la leyenda, Lorencillo escondió su tesoro.
Y, sobre todo, dejarse llevar por la calma, por el murmullo del mar y el canto de la selva.

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