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Carta editorial

¿Gol o autogol?

Definir si haber aceptado ser anfitrión de la Copa Mundial de la FIFA 2026 —aunque de forma compartida con Estados Unidos y Canadá— fue una buena decisión o un error, no es sencillo. Hay demasiadas variables en juego y muchas de sus consecuencias podrían ser incluso incalculables.
Con 104 partidos distribuidos en 16 ciudades de tres países, será el Mundial más grande de la historia en términos económicos, y también el más complejo por el enorme reto logístico, operativo y ambiental que implica.
A ello se suman las tensiones políticas y sociales, los problemas de movilidad, la inseguridad y las exigencias de infraestructura necesarias para recibir a millones de visitantes. Iniciemos por lo sencillo, aunque complicado para el Gobierno.
¿Qué ocurrirá si la presidenta Claudia Sheinbaum decide asistir al Estadio Ciudad de México, antes Banorte y antes Azteca, el día de la inauguración? La respuesta ya la sabemos, y también el porqué de esa decisión. Así arrancará el primer partido de la Selección Nacional.
Con un pase corto y certero se viene otro desafío: las decenas de organizaciones y grupos sociales que han advertido sobre posibles bloqueos y protestas durante los encuentros, particularmente en la capital del país. ¿Realmente lo harán o es solo una finta? Y si suceden, ¿podrá Clara Brugada y su equipo contener el impacto, igual que cualquier episodio de inseguridad que pudiera afectar la imagen de México dentro y fuera del país?
Al mismo tiempo, persiste la duda sobre si el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México logrará operar al nivel que exige un evento de esta magnitud y, de paso, revertir la percepción de rezago que arrastra desde hace años. La misma presión recaerá sobre el Estadio Ciudad de México y sobre las principales vías de acceso a las tres sedes mexicanas: Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
Adicionalmente, existe un tema del que todavía se habla poco, pero que podría tener enormes repercusiones: el impacto ambiental y la huella de carbono. Al ser un evento con tantas selecciones de futbol participantes, la dispersión geográfica de los equipos y de los partidos multiplicará los traslados aéreos, considerados una de las principales fuentes de emisiones, como señala el documento De la huella a la acción. Guía para la medición y transformación regenerativa de grandes eventos deportivos. El caso de la Copa del Mundo FIFA 2026, elaborado por científicos de Nat5, una iniciativa climática, tecnológica y de negocios enfocada en la conservación de la biodiversidad y el desarrollo sostenible en América Latina.
Estimaciones de Nat5 apuntan a que el Mundial generará una huella de carbono de entre 10 y 15 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Para dimensionarlo, esa cifra equivale a las emisiones anuales de cerca de un millón de personas, o de entre dos y tres millones de automóviles circulando durante un año completo.

Como te habrás dado cuenta, en la cancha ya se advierten más autogoles que goles. Esperemos que la derrama económica llegue y que la percepción de un país tan valioso como México ante la comunidad internacional termine inclinando el marcador a favor.

Sobre la Copa Mundial FIFA 2026 encontrarás en esta edición un amplio reportaje que habla de todo, menos de futbol. Porque, antes incluso de que ruede el balón, ya todos conocemos al ganador: la FIFA, nuevamente.

Por lo pronto, no te pierdas la entrevista exclusiva con Francisco Valdivia, director general de VISA, quien nos comparte cómo, en este tipo de eventos deportivos globales, una excelente estrategia puede marcar la diferencia. ¡Suerte México!

Ulises Navarro Director Editorial
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