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Casa Elena: cocina mexicana contemporánea con alma

En la Condesa, Casa Elena propone una lectura contemporánea de la cocina mexicana en un espacio íntimo y sofisticado, pensado para sorprender a invitados especiales y convertir una comida de trabajo en una experiencia gastronómica memorable.

Por: Amílcar Olivares Elizalde Swipe

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Empiezo con un spoiler: más que un lugar ideal para comidas y cenas de negocios, Casa Elena es el sitio perfecto para llevar a altos directivos —tanto extranjeros como del interior del país— que están de visita en la Ciudad de México y a quienes se quiere sorprender con una propuesta de gastronomía vanguardista. Todo en un espacio sumamente acogedor, ideal para cerrar el día después de reuniones o intensas jornadas de trabajo.

Casa Elena es un restaurante que entiende que una comida o cena de trabajo no es únicamente un acto social, sino una extensión del lenguaje corporativo, donde el entorno, la atmósfera, el ritmo del servicio y la propuesta culinaria juegan un papel estratégico.

Ubicado en la siempre dinámica colonia Condesa, Casa Elena parte de un origen íntimo: su vínculo con la cafetería Elena 147, que por la calidad de su pan y repostería se posicionó rápidamente en esta competida zona.

Detrás de este proyecto se encuentra el matrimonio de jóvenes chefs Monserrat Tellez y Ruben Zárate, quienes han querido construir en este restaurante una experiencia con alma que equilibra cercanía y sofisticación.


| Los platillos de Alto Nivel

Como buen restaurante de autor, Casa Elena cuenta con un menú de degustación de ocho tiempos que vale la pena probar y ofrecer para sorprender cualquier paladar. Pero si se prefiere pedir a la carta, recomendamos comenzar con su platillo Poro & Salvia, un oro ahumado cocinado al alto vacío acompañado de mantequilla de salvia fresca y ajo, puré de macadamias tostadas y polvo de cenizas de cebolla. Su presentación en mesa deleitará la vista y abrirá el apetito desde el primer momento.

Después, sus flores de calabaza capeadas, rellenas de requesón y duxelle de hongos, acompañadas de mole artesanal, son un ejemplo de cómo la tradición puede sofisticarse sin perder brillo. Para compartir al centro de la mesa, recomendamos su ensalada de huazontles frescos acompañados de salmorejo, nopales curados, pepita de calabaza y amaranto, una entrada que celebra los ingredientes milenarios del país dando un toque español con el salmorejo, que le sirve de espejo.

Para reuniones donde el equilibrio es clave (ni demasiado pesado ni excesivamente ligero), sugerimos seguir con el crudo de trucha salmonada y espuma de tomate verde, así como con el pulpo con mayonesa de cebolla encurtida acompañado de esquites salteados en tuétano y polvo de chiles secos.

Para los fuertes, las dos estrellas son la lobina de agua dulce en salsa romesco, acompañada de puré de coliflor, coliflor en escabeche y ensalada de hojas de mostaza, y el short rib cocinado por 36 horas y bañado en un adobo de chiles a la demi glace.

El capítulo dulce, respaldado por la panadería de Elena 147, añade un cierre estratégico a la experiencia. El postre imperdible es el risotto dulce con espuma Tonka y chocolate, acompañado de helado de trufa negra y vainilla. Este postre reúne una capa crujiente y la delicadeza de la mousse, en un contraste de sensaciones y aromas —realzado por la trufa— que demuestra la versatilidad de sus ingredientes y lo vuelve simplemente excepcional.

Su carta de vinos es pequeña, pero muy bien curada. Está pensada en vinos blancos, rosados, espumosos y tintos que van bien maridados con la propuesta de los platillos.


| Espacios íntimos y acogedores

Más allá del plato, Casa Elena destaca por su diseño espacial, concebido por el estudio de interiorismo y arquitectura: E de ESPACIO. Su narrativa arquitectónica, inspirada en las formas del clavel, se traduce en un ambiente orgánico, de transiciones suaves, donde los materiales naturales y la iluminación cálida generan una sensación de resguardo, de refugio, de hogar.

Este tipo de atmósfera no es menor: en reuniones ejecutivas el entorno influye directamente en la disposición emocional de los interlocutores. Un espacio que abraza favorece la apertura, la escucha activa y la construcción de confianza.

La barra de granito rosa, los tonos tierra y los detalles marrón dividen zonas que pueden adaptarse a distintos tipos de encuentros: desde comidas uno a uno hasta cenas más amplias con equipos de trabajo. La flexibilidad del espacio es, en este sentido, otro de sus atributos más relevantes.

Casa Elena es un espacio diseñado con alma para facilitar encuentros, donde la gastronomía, el diseño y el servicio convergen para crear condiciones óptimas de interacción. AN

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