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El peligro de un impostor en los puestos de liderazgo en la industria bancaria

Por: Fernando Calderón Swipe

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Llegó el momento de dejar de llamar líderes a ejecutivos que saben leer un balance financiero, pero fracasan en un examen de ética básica. En la alta dirección bancaria se ha caído en la trampa de admirar el talento técnico, mientras se ignora la fragilidad del carácter. Es un área de riesgo actuar como si un sólido índice de capitalización pudiera compensar el riesgo de una implosión reputacional de gran escala.

| Riesgo operacional

La realidad para el sector financiero es clara: un banquero hábil pero deshonesto no representa un activo bajo ninguna métrica de sostenibilidad. Por el contrario, es una contingencia financiera latente, cuya capacidad de daño es exponencial. En un ecosistema donde la confianza es el único colateral real, ignorar la calidad moral del mando es aumentar significativamente el riesgo operacional.

Las estadísticas internacionales son un llamado de atención para los consejos de administración. Hallazgos recientes de Midot, en conjunto con análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), revelan una realidad inquietante en la cúpula corporativa; la alta dirección es el origen de una porción crítica de los ilícitos, estimando que entre el 20% y 25% de los directivos incurren en colusión con proveedores o fraudes directos, valiéndose de su posición privilegiada de control. En México, el costo de un error de integridad en la cima no se mide solo en pesos; se mide en la erosión de una confianza que tarda décadas en construirse y segundos en destruirse.

En México, el costo de un error de integridad en la cima no se mide solo en pesos; se mide en la erosión de una confianza que tarda décadas en construirse y segundos en destruirse.

Esta falta de visibilidad institucional no es gratuita en un sector tan estrictamente regulado, como es la Banca. A menudo, el impostor se revela como un maestro de la manipulación ascendente ante el Consejo, camuflando riesgos críticos bajo el disfraz de una eficiencia operativa incuestionable. Este perfil entrega los números que los accionistas esperan, mientras erosiona silenciosamente la cultura ética de la institución y desmotiva al talento honesto.

| El mito del desempeño y el rigor de la gobernanza

Durante años, en distintos momentos del sector bancario, se ha tendido a separar artificialmente el desempeño financiero del rigor ético, tratando la integridad como un anexo y no como el núcleo de la competencia. Es común ver cómo se premia al perfil altamente competitivo de la banca corporativa que alcanza metas agresivas, ignorando sus malas prácticas. Esa falta de escrúpulos, tarde o temprano, se volverá contra la institución.
Atraer líderes hoy no es solamente cuestión de dinero; se trata de blindar la gobernanza asegurando que el carácter sea tan robusto como la capacidad técnica. Datos de Midot, referente en la ciencia de la integridad, revelan que el 6% de los evaluados para puestos de mando son impostores éticos. Son perfiles con métricas impecables, pero con alta probabilidad de cometer actos deshonestos bajo presión, racionalizando el fraude como una estrategia necesaria.

El fraude directivo dura, en promedio, 18 meses antes de ser detectado, tiempo para que la falta de integridad se infiltre en las políticas de crédito y la gestión de activos.

La ciencia de la integridad facilita hoy el mapeo del juicio moral bajo condiciones de alto estrés. Su aplicación posibilita analizar la reacción de un líder ante dilemas donde la ética colisiona con el bono anual o la meta de venta.

| El costo de la omisión y la integridad predictiva

A menudo, las juntas directivas pueden tender a mirar hacia otro lado cuando un ejecutivo estrella presenta “zonas grises”, justificándose bajo el paraguas de la eficiencia. Sin embargo, el fraude directivo dura, en promedio, 18 meses antes de ser detectado, tiempo para que la falta de integridad se infiltre en las políticas de crédito y la gestión de activos.

Se debe transitar hacia un modelo donde la honestidad sea tan medible como el índice de morosidad. El uso de evaluaciones periódicas de integridad detecta señales de vulnerabilidad ética antes de que se traduzcan en crisis. Un banquero que se sabe parte de un sistema de valores protege el patrimonio de ahorradores y accionistas. AN

 


Fernando Calderón es director general para México y Latinoamérica de Midot, experto mundial en evaluaciones laborales de integridad y comportamientos laborales contraproducentes.

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