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Reportaje

Tressor: disciplina, escasez y visión de largo plazo

Administrar piezas asignadas, sostener relaciones con marcas globales y apostar por la fabricación propia exige algo más que pasión por la relojería. Ignacio Aguilar, director general de Tressor Joyeros, ha construido un modelo basado en disciplina operativa, visión generacional y compromiso con el cliente.

Por: Ulises Navarro Swipe

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Ignacio Aguilar

Director general de Tressor Joyeros


Desde su boutique en San Ángel, Ignacio Aguilar, director general de Tressor Joyeros, enfrenta un entorno definido por producción limitada, sobredemanda global y el alza en los metales preciosos. En esta entrevista, el ejecutivo comparte cómo administra la escasez, por qué la fabricación propia implica mayor responsabilidad y qué significa construir un negocio de lujo con visión generacional.

AN Ignacio, Tressor es una empresa con más de 60 años en el medio joyero. ¿Cómo inicia esta historia?

Somos una empresa familiar con más de 60 años en el medio joyero. Yo represento la segunda generación. Mi papá fue quien inició Tressor, después de haber caminado muchos años también en el medio, pero más enfocado en la fabricación.

Antes de estar establecidos en el retail, él tuvo una relación muy cercana como proveedor de marcas relojeras en las décadas de los 60 y 70. En ese momento, por una política del gobierno mexicano llamada integración nacional, para que se pudiera vender un producto importado en México, una parte debía fabricarse aquí.

En el caso de los relojes, la maquinaria no se producía en México, pero sí se podían fabricar ciertas partes externas, como los brazaletes de oro. Desarrollamos entonces una fábrica importante que cumplía con los estándares que necesitaba Suiza para fabricar esas piezas. Ahí comenzó realmente nuestra relación con las marcas: primero como fabricantes, no como distribuidores.


AN ¿Cuándo surge en ti la decisión de integrarte al negocio familiar?

Yo soy ingeniero químico y la verdad no visualizaba integrarme al negocio. Sin embargo, cuando creces en una empresa familiar, desde niño escuchas lo que hacen tus padres, sus problemas, sus clientes. En la casa siempre se habló de esto.

Después de terminar mi carrera y trabajar un tiempo fuera, decidí integrarme a la empresa. Hicimos muy buena mancuerna mi papá, mi hermano y yo. Con el tiempo mi padre se retiró completamente y nosotros continuamos. Fue algo natural: estar inmerso tantos años en ese ambiente hizo que terminar en la empresa fuera un proceso lógico.

AN ¿Qué tanto ha cambiado el mercado en estos 60 años?

Muchísimo. Lo he platicado con colegas y coincidimos en que estamos en una industria completamente diferente.

El mercado de lujo ha cambiado, sobre todo en los últimos 10 años. Los gustos del consumidor se han transformado. Existe una sobredemanda muy importante por productos y relojes de alta gama. Las marcas han restringido muchísimo sus puntos de venta y buscan alianzas y sociedades a largo plazo con distribuidores que cumplan con los estándares cada vez más altos y específicos que ellas establecen.

Eso implica operar en un ambiente muy exigente. Por un lado, los clientes están muy bien informados. El conocedor en México es especialista y sabe perfectamente qué quiere. Por otro lado, las marcas también exigen estándares cada vez más altos.


AN En este cambio de mercado, ¿qué papel juega hoy la mujer en la alta relojería?

La mujer siempre ha tenido un papel importante, pero hoy es un segmento especialmente relevante. Es muy agradable ver la avidez y el conocimiento que tienen nuestras clientas. No solo disfrutan cómo luce una pieza, sino que entienden lo que representa una marca de alta gama.

Hay un gusto real por el artículo, pero también conocimiento. Saben qué están comprando y lo disfrutan. Eso exige que nosotros estemos muy bien preparados para atenderlas profesionalmente.

AN ¿Qué marcas puede encontrar un cliente en Tressor?

En relojería trabajamos con seis marcas con las que mantenemos una relación de años: Patek Philippe, Rolex, Cartier, Blancpain, Longines y Chronoswiss. Con ellas trabajamos de manera muy profesional y cumpliendo con todos los requerimientos.

En joyería, además de nuestras colecciones, fabricamos piezas personalizadas: anillos de compromiso, argollas, rediseños familiares. Es un proceso muy cercano. Acompañamos al cliente desde que va a comprometerse, cuando se casa, en aniversarios, cuando nacen hijos o se gradúan. Es un negocio donde compartes momentos íntimos y únicos, y eso genera vínculos muy fuertes.


AN ¿Qué tan difícil es un negocio en el que un cliente llega decidido a comprar una pieza y no hay disponibilidad?

Muchos nos dicen que tenemos un “happy problem”. Desde fuera puede parecerlo. Sí lo es en cierto sentido, pero también es desgastante. El cliente tiene el dinero, tiene el deseo, pero no hay producto. Y eso no depende de nosotros.

Las marcas nos asignan cierto número de piezas. Recibimos un número determinado y tenemos que administrarlo. Eso genera presión porque queremos cumplirle al cliente, sobre todo cuando son amigos o personas que han confiado en nosotros durante años.

Al mismo tiempo, también le damos mucha importancia al cliente nuevo. No podemos atender únicamente a los de siempre, porque también queremos que más personas nos conozcan y sepan quién es Tressor y cuáles son nuestras filosofías. Creemos mucho en la libertad, en la amistad y en las relaciones a mediano y largo plazo, tanto con clientes como con proveedores. Nunca hemos visto este negocio como algo de hoy para mañana.


AN ¿Qué pasa con las ediciones limitadas que se venden antes de salir?

Lo principal es la honestidad. Si algo está fuera de nuestras posibilidades, se dice con claridad. No podemos ofrecer algo que no sabemos si va a llegar.

Cuando se piensa en el mediano y largo plazo, se actúa con responsabilidad. No se trata de prometer algo hoy y después no cumplirlo. Preferimos ser claros desde el principio.

AN Muchos clientes ven estas piezas como inversión. ¿Cómo los asesoras?

Lo primero es entender qué están buscando. Cuando alguien habla de inversión patrimonial, hay que ser muy claro sobre qué sí y qué no puede ofrecer una pieza.

Todos quisiéramos tener ciertos modelos que hoy son altamente cotizados, pero no siempre es posible. Cuando el cliente nos da esa confianza, nuestra responsabilidad es ofrecer opciones reales, no ideas que no se puedan concretar.

AN ¿Cómo enfrentan el incremento en los metales preciosos?

Estamos viviendo una etapa que hace años no imaginábamos.En un año hemos visto incrementos muy importantes en el oro y el platino.

Después de tantos años en el mercado, sabemos que no es la primera ves que pasa algo así. A veces hay que ser flexible en el margen para mantener satisfecho al cliente, pero también es necesario repercutir parte del incremento para conservar rentabilidad.

Es un trabajo de todos los días. Somos una empresa que está presente en el negocio diariamente y contamos con un equipo que abarca desde el orfebre hasta el vendedor. La responsabilidad es grande y exige atención constante.


AN ¿Qué planes tiene Tressor hacia adelante?

Estamos consolidados en nuestra boutique en San Ángel. Hace 20 años adoptamos el concepto de Casa Tressor y nos ha funcionado muy bien.

No descarto que en el mediano plazo pueda haber otra sucursal, especialmente porque ya hay una tercera generación operando con una clientela joven e importante. Pero hoy estamos concentrados aquí.

También le estamos dando más fuerza a los medios digitales y fortaleciendo nuestra fabricación propia. Todo lo personalizado que vendemos lo fabricamos nosotros. Ahí vemos una oportunidad de crecimiento, incluso apoyando a otras joyerías, pero sin convertirnos en una gran fábrica.

Fabricar implica mayor responsabilidad que comprar y vender. Si algo falla en una pieza que fabricaste tú, la responsabilidad es completamente tuya. Pero también es muy satisfactorio entregar piezas personalizadas.


AN Para un directivo que piensa en legado, ¿qué representa la alta relojería?

Puede ser una inversión si se escogen bien las piezas. Pero más allá de eso, puede quedarse en la familia.
Un reloj puede convertirse en legado. No solo conserva valor; guarda historia. Te recuerda un momento importante y puede pasar a otra generación. No necesariamente tienen que ser las piezas más caras, sino las que realmente te gusten.

El proceso de buscarla, encontrarla, disfrutarla y después entregarla a alguien más es parte de lo que hace especial a la relojería.

AN Finalmente, ¿cuál es la filosofía que define a Tressor?

La honestidad. Si algo no podemos hacerlo bien, no lo ofrecemos. Si no podemos cumplir, lo decimos.

Esa filosofía la conoce todo nuestro equipo. Nos comprometemos con lo que realmente podemos hacer y buscamos relaciones que duren en el tiempo. AN

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