El espejismo del autocuidado industrial
En el ecosistema empresarial mexicano, la seguridad industrial suele ser tratada como un trámite administrativo orientado a evitar multas. Abundan manuales que acumulan polvo en los archivos y protocolos que se cumplen únicamente cuando se aproxima una auditoría.
Por: Lorena MercadoContinua en la historia
| “A mí no me va a pasar”
Esta normalización de la vulnerabilidad no obedece a una falta de presupuesto en las organizaciones. El freno para consolidar una cultura de prevención es un sesgo cognitivo persistente: la arraigada creencia colectiva del “a mí no me va a pasar”.

En el ecosistema empresarial mexicano, la seguridad industrial suele ser tratada como un trámite administrativo orientado a evitar multas.
Esta desconexión tiene un costo humano y financiero directo en el sector productivo nacional. De acuerdo con estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social, durante 2024 se registraron más de 418 mil accidentes de trabajo. Las auditorías del instituto demuestran que la mayoría de estos casos se originan por actos inseguros repetitivos, caídas y sobreesfuerzo al cargar materiales.
| El arraigo de una cultura reactiva
El fondo del problema es de carácter sociocultural y se sostiene sobre rasgos muy específicos de la cultura laboral mexicana. Por un lado, operamos bajo un arraigado fatalismo que tiende a atribuir los accidentes a la mala fortuna o al destino, en lugar de asumirlos como la consecuencia directa de una acción individual.
Por el otro, el trabajador promedio posee una alta tolerancia a la ambigüedad y al riesgo; si un atajo operativo se tradujo en una experiencia exitosa en el pasado sin consecuencias negativas, se asume erróneamente que el peligro está bajo control. La prisa por cumplir la cuota de producción desplaza al protocolo.

De acuerdo con estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social, durante 2024 se registraron más de 418 mil accidentes de trabajo.
Aquí es donde el análisis conductual aporta datos clave para sectores como manufactura, logística, minería y energía. El informe MindSafe, desarrollado por MIDOT, revela que apenas el 54% de la población laboral presenta una compatibilidad cultural con su operación. En términos llanos, esto significa que solo la mitad de los trabajadores tiene un perfil conductual que se acopla de manera segura a los riesgos reales de su puesto; el resto posee una tendencia natural a tomar atajos o decisiones impulsivas cuando la presión aumenta. No es un problema de ignorancia, sino de cómo reacciona el individuo en la línea de fuego.
Que casi la mitad de la plantilla carezca de esta compatibilidad significa que sus tendencias conductuales naturales no se acoplan a las exigencias del entorno. El mismo informe identifica que un 28% de la fuerza de trabajo se ubica en la “zona de control”, un segmento intermedio que acata las normas de prevención nada más cuando experimenta supervisión directa.
| El riesgo de la obediencia condicionada
Este sector de la plantilla no asume la prevención como un valor intrínseco, sino como una imposición jerárquica. Su conducta es susceptible a migrar hacia el riesgo si el liderazgo supervisor se relaja o si la cadena logística presiona los tiempos de entrega. Es el reflejo de una cultura reactiva, que se mueve por conveniencia. En cuanto el supervisor se retira, el hábito de autocuidado disminuye.
Para modificar esta dinámica, las compañías deben superar los enfoques puramente punitivos. Modificar el reglamento no cambia las creencias del personal. Además, el impacto de no hacerlo es financieramente devastador: el mismo reporte advierte que un accidente laboral grave puede costarle a la organización entre 40,000 y 100,000 dólares, mientras que un evento fatal supera fácilmente el millón de dólares.

Si el comportamiento humano es la causa raíz de la siniestralidad, la estrategia corporativa debe migrar hacia el perfilamiento conductual que permita identificar los sesgos individuales antes de asignar las tareas críticas.
Si el comportamiento humano es la causa raíz de la siniestralidad, la estrategia corporativa debe migrar hacia el perfilamiento conductual que permita identificar los sesgos individuales antes de asignar las tareas críticas. El castigo posterior al incidente no construye cultura.
Conviene desactivar aquí una creencia extendida: la idea de que más capacitación y supervisión equivalen a mayor seguridad. Ambas son acciones reactivas y de alcance limitado, porque actúan sobre la consecuencia y no sobre la causa. El terreno donde realmente se gana la prevención es el de los datos duros, objetivos y confiables que la tecnología hoy permite obtener. AN
Lorena Mercado es Head of MindSafe by Midot en Latinoamérica.