La clave de las familias empresarias ante el reto de lograr su continuidad
Por: Ricardo Aparicio CastilloContinua en la historia
Las empresas familiares son uno de los grandes motores de la economía mexicana. Se estima que entre el 85 y 95% de las empresas del país tienen origen familiar; aportan entre el 50 y 80% del Producto Interno Bruto (PIB) y generan entre el 70 y 90% del empleo nacional. Sin embargo, también es cierto que solo un porcentaje reducido, entre 10 y 15%, logra llegar con éxito a una gestión encabezada por la tercera generación. Esto no significa que el resto desaparecerá. Algunas quiebran, otras se venden y muchas terminan fragmentándose.

Se estima que entre el 85 y 95% de las empresas del país tienen origen familiar; aportan entre el 50 y 80% del PIB y generan entre el 70 y 90% del empleo nacional.
| La sucesión, un momento crítico
La sucesión, por tanto, representa uno de los momentos más críticos en la vida de una empresa familiar, ya que entre el 85 y 90% pierde valor cuando enfrenta una transición generacional. En una etapa marcada por cambios inevitables: nuevos liderazgos, reacomodos de poder, transmisión de la riqueza y redefiniciones dentro de la familia propietaria.
Vista desde otra perspectiva, preparar una sucesión exitosa es también una decisión estratégica, ya que cuando se planifica adecuadamente, aumenta de manera significativa la probabilidad de que la empresa se fortalezca y renueve su impulso bajo el liderazgo de sucesores preparados para llevar la organización a un nuevo nivel de desarrollo.
Desde el Centro de Investigación para Familias de Empresarios (CIFEM) del IPADE Business School observamos que solo una minoría de familias empresarias está verdaderamente ocupada en prepararse para el cambio generacional; y aunque, la sucesión suele reconocerse como un tema importante, pocas familias lo abordan con anticipación y de manera estructurada.

Solo una minoría de familias empresarias está verdaderamente ocupada en prepararse para el cambio generacional.
A partir de la investigación realizada, identificamos cuatro ámbitos que toda familia empresaria debería revisar con atención, ya que, cuando se atienden de manera simultánea y adecuada constituyen una base sólida para prepararse ante el paso hacia una nueva generación.
La relación entre familia y empresa produce tensiones y dilemas que deben aprenderse a manejar, ya que ser propietario de acciones no es lo mismo que tener la capacidad para dirigir la empresa. Asimismo, ser dueño no autoriza a nadie a saltarse jerarquías organizacionales ni a intervenir en decisiones operativas; además de reconocer que los activos familiares y los activos de la empresa tienen naturaleza distinta y no deben mezclarse.
| Área de oportunidad
La sucesión es probablemente el mayor desafío y, al mismo tiempo, la mayor área de oportunidad para las empresas familiares. “Toda sucesión sucederá”, tarde o temprano. Por ello debe prepararse con cuidado, ejecutarse con método y consolidarse con disciplina.
Este proceso requiere, además avanzar en la institucionalización de la empresa: establecer órganos de gobierno claros, definir estructuras organizativas sólidas y fortalecer la profesionalización dentro de la organización.

La sucesión es probablemente el mayor desafío y, al mismo tiempo, la mayor área de oportunidad para las empresas familiares.
Además de atender los problemas del pasado y las exigencias del día a día, es importante que la familia se dé espacio para conversar sobre el futuro para reforzar el compromiso con el proyecto empresarial y alinear los planes personales y familiares con la continuidad del negocio.
Existen historias de empresas familiares exitosas que muestran que la continuidad sí es posible. No es sencillo, pero vale la pena intentarlo. AN
Ricardo Aparicio Castillo es profesor de Factor Humano y director del Centro de Investigación para Familias de Empresarios en IPADE Business School.